• La puesta en escena, creada y dirigida por Erika Suárez, se estrenará este sábado 31 de octubre a las 19:00 horas en el Teatro del Estado con cupo limitado.

XALAPA, Ver., 27 de octubre de 2026.— En una propuesta que fusiona la danza española, el flamenco, la actuación y la música, se presentó oficialmente el estreno de “Bernarda”, una obra de teatro-danza que llegará al Teatro del Estado de Xalapa el próximo sábado 31 de octubre a las 19:00 horas. Bajo la creación y dirección de Erika Suárez, el montaje ofrecerá una función con entrada completamente gratuita para el público veracruzano, sujeta a la capacidad del recinto.
Inspirada en el trágico desenlace de La casa de Bernarda Alba del célebre dramaturgo Federico García Lorca, la producción da un giro radical a la narrativa clásica. En lugar de retratar únicamente a la matriarca implacable y dictatorial, la pieza se sumerge en la psique del personaje tras el suicidio de su hija menor, explorando las cinco etapas del duelo (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) descritas por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross.
La icónica bailarina María Elena Anaya encabeza el elenco interpretando a una Bernarda despojada de su armadura autoritaria. «Es un personaje muy fuerte que se apoderó de mí. No solo es baile flamenco, sino que está muy estilizado; actúo en varias escenas, toco castañuelas y bailo en silencio», compartió Anaya, detallando la profunda exigencia física y emocional que requiere transmitir la contradicción entre la fachada de control de una madre y su devastación interna.
Por su parte, la directora Erika Suárez destacó la relevancia de abordar el sufrimiento humano y los lazos familiares desde el lenguaje del cuerpo. «Es una visión de Bernarda desde su dolor, una faceta vulnerable que no se ve en el texto original», apuntó.
El montaje cuenta también con la participación de la reconocida artista Silvia Santos, cuyo personaje posee una fuerte carga simbólica. Santos dará vida a la casa misma, actuando como un testigo espectral, contenedor de los recuerdos y la memoria emocional de los personajes, transitando directamente por la mente y la empatía de quienes habitan el drama.
Con esta obra, el lenguaje corporal se convierte en el vehículo principal para reflexionar sobre las pérdidas irreparables, el peso de las tradiciones y las expectativas sociales ante el luto.