Cuando se esperaba que las Águilas pudieran demostrar que la crisis había terminado, los Cañoneros vencieron a los de Coapa que siguen con yerros defensivos

Uno de los problemas que no ha logrado solucionar América es la fragilidad en defensa, lleva semanas manifestando dudas, da lo mismo si se juega con línea de cinco o cuatro, el equipo se muestra vulnerable y concede despistes que suben al marcador. Le había pasado en sus encuentros anteriores y no fue la excepción ante Mazatlán.

Otra vez tuvo un inicio titubeante, los Cañoneros iban a mil por hora y las Águilas no habían encendido el motor. Mazatlán aprovechó una pérdida en la salida, se anticipó y aunque la defensa cortó, la pelota le cayó a Iván Moreno, quien tiró con la zurda, Ochoa repelió, pero dejó la pelota viva, y Gonzalo Sosa fue más rápido y empujó la bola al fondo al 10’.

Ahora no se vio un América que se agitara, el equipo azulcrema fue pasivo, no lograba tomar la pelota y elaborar alguna jugada, sus jugadores de mejor pie (Valdés, Fidalgo y Lainez) pasaban desapercibidos. Mientras, Mazatlán era un esfuerzo constante en todos sus jugadores que iban y venían, metiendo miedo en cada ataque y replegando para destruir cualquier intento americanista.

Los de Coapa no lograban poner a prueba a Vikonis, Solari meditaba en busca de soluciones, se decidió a cambiar a su dibujo táctico, pero justo antes de que lo hiciera los Cañoneros encontraron el segundo. Nicolás Díaz levantó una pelota desde la derecha, un centro justo en medio de Bruno y Jordan, ninguno de los marcadores azulcremas llegó al balón, el que sí lo hizo fue Miguel Sansores, quien cabeceó para vencer a Ochoa.

A la media hora América estaba contra las cuerdas. El ingreso de Jorge Sánchez regresó al equipo a una línea de cuatro, pero sin que mejoraran sus prestaciones. Fue hasta el 42’ cuando las Águilas apenas se acercaron con cierto peligro tras un centro de Lainez al que Henry no llegó. Y en la compensación Jorge cazó un rechace, pero su tiro se fue por encima del larguero.

Quedaba un tiempo para buscar una reacción de orgullo, pero sobre todo para que América diera síntomas de vida, porque en el primer tiempo los Cañoneros se los llevaron por delante. Entró Otero por Naveda, el colombiano llegó para dar solución en este tipo de escenarios.

La tuvo Henry, pero el yucateco demostró que no anda fino, en un mano a mano contra Vikonis, terminó echándola bola por un costado. Era la ocasión para meterse en el partido, pero no pudo ser. Tampoco lo logró Jorge Sánchez un centro de Lainez que cabeceó por un costado.

No tocó arrebato América, era un equipo de esbozos y no de un plan definido. Otero no pesaba, Valdés tampoco tomaba la bola. Agitó el banquillo Solari y mandó una versión super ofensiva: Viñas, Roger y Jonathan al campo para tratar de morir de algo a falta de 20 minutos.

Henry, Roger, Otero, Viñas, con eso terminó atacando América, pero tampoco fue la solución para las carencias ofensivas. Ninguno fue capaz de exigir a Vikonis, ninguno fue capaz de chutar a puerta. Solo Otero, con un cabezazo, pudo por fin hacer que el portero mazatleco entrara en acción. No era la noche de las Águilas, y eso quedó de manifiesto en un cabezazo de Henry que también se fue por encima. Fue hasta la compensación cuando Otero descontó con un cabezazo en la compensación.

América es un despropósito en estado puro, un equipo carente de soluciones, es más, hay pasajes del juego en los que tampoco aflora el orgullo, por más que cierre los partidos con coraje. Está en una situación de mucho riesgo, fuera de los puestos de Liguilla cuando el torneo ya se acerca a su primer tercio. La crisis no acabó con Santos, solo tuvo una pausa.

Fuente: Milenio.