El deseo de nadie

“Si me llevan a Haití, mejor que me maten, ¿para qué me van a llevar si no tengo nada para comer?”, palabras de Ronny, uno de los más de 12 mil haitianos que han llegado a la frontera de Ciudad Acuña, en Coahuila, con Del Río, Texas, en la última semana. Este testimonio lo recogió mi compañero Abraham Nava, enviado especial de Imagen Noticias a ese punto fronterizo, que ha sido noticia desde que vimos la llegada de migrantes al bajo puente de aquella región que conecta con Estados Unidos.

La imagen de los centroamericanos improvisando campamentos, pero que los dejarían listos para el cruce que, al fin, les permita la entrada al sueño americano.

Sin embargo, este episodio se ha salido de control, tanto que desde la Casa Blanca han condenado el actuar de los elementos de la Patrulla Fronteriza, quienes montados a caballo y con látigo en mano detuvieron a migrantes a inicios de esta semana. Las imágenes le dieron la vuelta al mundo. Un acto de total barbarie.

“Los están engañando, es un periplo (…) imagínense, salir de Haití, ir a Brasil, ir a Chile, tener condición de refugiado, buscar trabajo. Hay niños que ya son nacidos en Chile o en Brasil, que ahora sus dirigentes les digan: ‘Vámonos a Estados Unidos rápido porque nos van a dar la residencia o la nacionalidad norteamericana, posiblemente’. Pues es un engaño monumental, eso no es cierto…”, dijo el canciller Marcelo Ebrard hace un par de días.

México tiene una de las fronteras más comprometidas en el mundo por la línea que comparte con Estados Unidos. No importa que haya río o un muro, nuestra vecindad con el país destino de la mayoría de los migrantes del planeta ha hecho que el asunto sea de difícil manejo, ha buscado la vía para controlarlo, pero el margen de acción requiere precisión casi quirúrgica por la ambigüedad que conlleva: cualquier decisión implica consecuencias para alguna de las partes. No se pueden pasar por alto los derechos humanos, pero tampoco se puede permitir el paso libre de una frontera a otra.

Los gobiernos de México y EU están conscientes de ello, por eso desde hace varios años, y entre distintas administraciones, se ha buscado el camino más eficaz. Ahora se plantea desde nuestro país una nueva directriz, que uno de los caminos sean programas enfocados al desarrollo regional, donde los puntos de acción se ubiquen en las naciones que dejan los centroamericanos, se busquen las vías de construcción democrática en los países controlados por regímenes totalitarios, por decir algo.

Porque no sólo se trata de dotar de empleos y un techo. La migración es un fenómeno multifactorial. La gente abandona sus comunidades ante la falta de oportunidades, pero también por la violencia o por la ausencia de libertades. Crisis como ésta que hoy vemos en Coahuila, las hemos visto desde hace décadas y en varios puntos del planeta. España, Alemania o Reino Unido son otros destinos para ciudadanos que huyen de países como Siria, Afganistán o Ucrania.

Nadie elige caminar miles de kilómetros, nadie elige pasar hambre, nadie elige dejar atrás a su familia, nadie elige cruzar localidades que no les permiten ser parte de ellas. La migración es el deseo de nadie, por ahí tendríamos que empezar cuando hablamos de lo que ocurre en nuestra y el resto de las fronteras.

Fuente Excelsior