La violencia, la justicia, la impunidad

Van cien mil muertes en el sexenio y la violencia y la inseguridad siguen imparables. Este lunes pasado fue uno de los días con mayor número de asesinatos en el país: se cometieron 100, poco más de cuatro por hora, una muerte cada 14 minutos. El martes 7 de septiembre hubo 105 asesinatos y en los primeros trece días del mes, los homicidios sumaron mil 75. A nivel federal ya estamos en cien mil asesinatos, aproximadamente unos 100 diarios promedio durante cada día de lo que va del sexenio. Muchos más que en el mismo periodo en los gobiernos de Fox, Calderón o Peña Nieto.

Con todo, ése no es el mayor problema: mucho mayor que esta ola incontenible de crímenes es la impunidad con la que se cometen. Casi ninguno de los autores de esos cien mil asesinatos o de los 300 mil que se sumaron entre los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto, o de los autores de decenas de miles de desapariciones, ha sido detenido y condenado. Nunca antes en la historia del país, matar había salido tan barato. Aquello de que la vida no vale nada, nunca ha estado tan vigente como hoy en día.

Mientras persista la impunidad se impone el empoderamiento de los grupos criminales. Y si la impunidad va acompañada de una política de contención y de no enfrentamiento, el empoderamiento criminal es mucho más notorio aún.

En este escenario se comenzó a aplicar, desde el miércoles pasado, la amnistía que ha otorgado el gobierno federal a cientos de personas encarceladas, unas 625 aproximadamente en todo el país. Entre los liberados no estuvo el secuestrador Israel Vallarta, líder de la banda de Los Zodiaco, porque no se demostró que haya sido torturado y tiene varios procesos abiertos en su contra, acusado de distintos delitos. Vallarta, célebre por haber sido la pareja de Florence Cassez (liberada por fallas al debido proceso y por la fuerte presión diplomática del gobierno francés, no porque fuera inocente de los delitos de los que se la acusaba), como otros delincuentes, incluyendo algunos de los que cometieron los mayores crímenes década y media atrás, trató de liberarse argumentando, también, que ha pasado tanto tiempo de su detención y que aún no tiene condena.

Y es verdad, lo mismo que en muchos otros casos, pero lo cierto es que ésa es una estrategia legal a la que han optado muchos de estos personajes para tratar de así evadir la acción de la ley. El secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, anunció que Vallarta seguiría en la cárcel, dando así un giro de 180 grados a la tendencia que se había impulsado en Gobernación para la liberación de éste y otros personajes acusados de graves secuestros argumentando tortura o falta de condena judicial. Ojalá éesta comience a ser la norma y no la excepción.

Cuando se ejerce la justicia, las penas para estos sujetos pueden ser durísimas, por eso tratan de retrasarla todo lo posible. Esta misma semana uno de los responsables del secuestro y muerte de Fernando Martí, hijo del empresario Alejandro Martí, fue condenado a 542 años de prisión, por la pena acumulada de varios secuestros y asesinatos.

Otro caso en el que se brindó sentencia esta semana fue el del narcotraficante Vicente Carrillo Fuentes, condenado a 28 años de prisión. Había sido detenido desde el 2014. Apenas ahora se dictó sentencia. Vicente es el hermano de Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, el más importante capo del narcotráfico hasta su muerte, en 1997, asesinado durante una operación estética por sus propios médicos, en una conjura interna del cártel que Amado encabezaba.

La sucesión de Amado Carrillo dividió a lo que era entonces el cártel hegemónico, con epicentro en Ciudad Juárez. El control se lo quedaron El Chapo Guzmán; El Azul Esparragoza y El Mayo Zambada. Hubo dos grupos que exigieron su lugar en la mesa de dirección de esa organización criminal. Unos fueron los Beltrán Leyva, los otros los hermanos de El Señor de los Cielos. La ruptura fue inevitable después de que uno de los hermanos Beltrán Leyva, apodado El Mochomo (cuyo hijo, por cierto, acaba de obtener una liberación anticipada) fue detenido por fuerzas federales (los Beltrán Leyva siempre dijeron que fue delatado por la gente de El Chapo) y que Rodolfo, el hermano menor de los Carrillo Fuentes, fuera asesinado junto con su esposa en un centro comercial en Culiacán. Los Beltrán, Vicente Carrillo y Los Zetas se unieron en una alianza para desafiar al Cártel de Sinaloa. Desde entonces, el proceso comenzó en 2004, la violencia desatada por la guerra entre cárteles ha sido incontenible.

¿Podría cambiar esto con una justicia mucho más rápida y expedita, con sentencias más duras como las que se aplicaron al secuestrador de Fernando o a Vicente Carrillo? Por supuesto que sí, en buena medida el que existan condenas y se haga justicia reduce el empoderamiento criminal y aumenta la percepción ciudadana de que se combate al crimen: los grupos se podrán fragmentar y seguir ejerciendo violencia, pero también es verdad que se debilitan. Hoy ni los Beltrán Leyva ni Los Zetas ni el Cártel de Juárez de los Carrillo Fuente son lo que eran, quedan remanentes de todos ellos, pero están lejos de ser cárteles tan poderosos como lo fueron en el pasado. Combatirlos y aplicar la justicia es imprescindible para hacerle frente al crimen, organizado o no