La sonrisa de López Gatell. Memorias de Coronavirus.

Lunes 14 de septiembre de 2020. Amanece a las 7 de la mañana con quince minutos. En la vieja casona de Leona Vicario hay un nerviosismo inusual. En la oscuridad del amanecer doña Leona, emperifollada y todo, le pregunta a su pareja sentimental (así se decía entonces), don Andrés Quintana Roo: ¿hablaste con Miguel, el cura? Andrés responde: su celular no está disponible.

Sí, ya había celulares para quienes podían pagarlo, no cualquiera tenía uno, los criollos adinerados, sí. Ay, Andrés, de veras contigo no se puede, a veces eres un poeta cataplasma. Pues mándale un correo electrónico, por Dios.

Esto está que arde. ¿No vinieron los de Amazon? En otro mundo, a la misma hora, repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gamés leía la entrevista que Ángeles Cruz Martínez de su periódico La Jornada le hizo al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, hombre encargado de la pandemia del coronavirus en el gobierno del presidente Liópez Obrador. La seguridad del subsecretario es envidiable:

“La estrategia para hacer frente a la pandemia de covid-19 es técnicamente la correcta, pero ha estado sujeta a un sabotaje constante por parte de grupos políticos, económicos y sociales, a causa del cual se han hecho ajustes tácticos, como ya no presentar predicciones sobre la cantidad de enfermos y muertos que habrá en el país”.

El subsecretario responde como un genio, un Einstein de la salud. Le preguntan: “¿Cuáles son las lecciones de la pandemia?”. Y él responde: “Muchas, y sabemos que son temporales, porque el covid-19 es un blanco móvil.

En enero se pensaba que el virus sería parecido al de la influenza y no fue así. También la importancia de actuar con base en la evidencia científica y no por presiones políticas ni de aspiraciones de quedar bien con la sociedad”. Gil hiperventiló y empalideció: gran verdad, las pandemias son temporales, imaginen ustedes que fueran permanentes, tal vez Gilga no estaría escribiendo en esta página del fondo.

El subsecretario tiene su corazoncito y se entristece: si regresara el tiempo cambiaría algunas cosas, “pero si y sólo si hubiera condiciones propicias, como una actitud comprometida de los actores políticos y económicos y algunos medios de comunicación; sin embargo, no han estado dispuestos a trabajar con visión de país y mantenernos en la esfera técnica.

De manera inocente pensé que habría generosidad humana, pero se han pasado saboteando el esfuerzo del gobierno y la sociedad para controlar la pandemia”.

Entonces todos somos culpables de la tragedia; él no, él es una víctima del destino. Si usted ve al subsecretario en la primera plana de su periódico La Jornada, no da crédito y cobranza. Una sonrisa abierta, feliz, como si no tuviéramos contagios ni muertos, como si hubiera hecho bien su trabajo.

“Dijimos lo que pasaría si y sólo si se respeta el confinamiento, las empresas no esenciales cierran y los gobiernos estatales verifican que así sea.

Entonces se cumpliría la predicción de la curva epidémica y podemos documentar que donde no se respetó el confinamiento, no ocurrió la predicción”. Gil no quiere ser un pesado, pero la predicción empezó en 6 mil muertos y esta semana hemos llegado a 71 mil. Una desgracia.

Fuente Milenio