El gran salvamento

¿Qué sería de la cuarentena sin las artes, sin esa capacidad innata que tenemos para identificarnos?

02 de Mayo de 2020

Expresarnos y ocuparnos. Encerrados, confinados en el que es siempre nuestro espacio, pero que pocas veces somos obligados a compartir las 24 horas o en el que sólo en situaciones extraordinarias convertimos en nuestro único espectro de acción. La cuarentena nos ha obligado a buscar vías de escape para nuestras emociones. Desde un balcón o un patio, personas en el mundo toman un instrumento, ése que tanto les gusta y disfrutan, para ofrecer momentos melódicos a sus vecinos.

Hay también quienes toman un libro y leen pasajes enteros frente a una cámara que al otro lado tiene a niños y adultos expectantes a la historia que escuchan. Están también aquellos que hacen de su afición, un vehículo de inspiración para esos otros que hoy, teniendo tiempo y reducidas posibilidades de distracción, descubren talentos o satisfacen el deseo de aprender que nunca termina.

Hay quien tomó un pincel por primera vez o se reencontró con él, quien se improvisó en casa una pista de baile, quien encendió su cámara fotográfica o abrió esa libreta guardada tanto tiempo en blanco.

“Creo que como seres humanos vivimos indagando acerca de esta enorme confusión a la  que hemos sido arrojados, que es la vida. El arte es una respuesta necesaria, imprescindible (…) Es que el arte interpela a tu esencia más humana, que es lo único que, en el fondo, compartes con tus semejantes. ¿Cuál es el único modo de comportarte como un ser humano con otros seres humanos? Detectar lo que tienen en común contigo…”, expresó Eduardo Sacheri en entrevista hace unos seis años. Y no podía ser más preciso. En aquel entonces no imaginamos que un virus microscópico detendría al mundo y nos confinaría a la que asumimos como nuestra intimidad, pero de la que, hemos visto en estas semanas, sabemos de su potencia muy poco.

Es esperanzador ver imágenes de edificios, calles, barrios enteros, unidos por eso otro que tenemos hoy todos en común, las ganas de sobrevivir. Es más gratificante vernos encontrar en las artes, desde las formas más simples, hasta las expresadas de la manera más profesional, un espejo en el que todos podemos reflejarnos.

“Yo creo que la música aparte nos acompaña en muchos momentos diferentes. Y creo que las personas siempre relacionamos las canciones con momentos, no sé, con memorias, con recuerdos. Y creo que, especialmente, la cuarentena es un momento que se presta para un momento introspectivo, un momento de mirar pa’dentro, y pensar qué películas me gusta ver, qué series me gusta ver, incluso, qué canciones tengo ganas de escuchar y creo que la música nos puede acompañar a todos en todo este proceso de todo este momento que estamos viviendo…”, me respondió Rosalía en una conversación a distancia, como se hacen las entrevistas en tiempos de pandemia.

¿Qué sería de la cuarentena sin las artes, sin esa capacidad tan humana e innata que tenemos para expresarnos e identificarnos? Ojalá pronto podamos regresar a los teatros, a los cines, a las librerías, donde hojeamos y dejamos que lo que buscamos nos seduzca para llevarlo a casa. Ojalá que, cuando eso suceda, estemos también listos para volver a una “normalidad” con los aprendizajes que, a través de las artes, nuestro actual salvamento, hemos hallado en estos días de encierro.

Fuente: Excelsior