Día uno del aislamiento: pensar el futuro

JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

23 de Marzo de 2020

Hoy es el día uno, por lo menos oficial, de un aislamiento social que, en realidad, comenzó durante la semana pasada en buena parte del país. No estamos todavía en una etapa de aislamiento obligatorio ni tampoco el COVID-19 ha alcanzado en nuestro país las proyecciones que ha tenido otras naciones.

Más allá de la confianza (o, mejor dicho, la desconfianza) en los datos de las autoridades, lo cierto es que hemos tenido un margen para tomar previsiones que otros países no tuvieron. El problema es de otro tipo: el de un liderazgo que, en lugar de establecer un frente unido entre el gobierno, los medios, las oposiciones y las organizaciones civiles, ha utilizado estas semanas para desechar consejos de su equipo de salubridad, para fomentar divisiones, inventar conspiraciones, aprobar leyes a través de agandalles legislativos y no dar a conocer lo que se reclama desde casi todos los ámbitos: un programa amplio, completo y claro de cómo se enfrentará la crisis de salud y económica y cómo vamos a transitar hacia el futuro, en un mundo que cambiará de rostro a partir de la pandemia, mientras nuestras autoridades parecen seguir insistiendo en mirar hacia un lejano pasado.

En este entramado de confusiones que se han generado con la epidemia, hay voces que resaltan y se deben escuchar. Una de ellas es la de Yuval Noah Harari, el extraordinario autor de Sapiens, un libro imprescindible que en español se tituló De animales a dioses (Debate, 2017). Harari acaba de publicar un extenso artículo en Financial Times sobre la pandemia y sus consecuencias sobre el futuro.

Dice Harari que “en los últimos años, los políticos irresponsables han socavado deliberadamente la confianza en la ciencia, en las instituciones públicas y los medios de comunicación. Ahora, estos mismos políticos irresponsables podrían estar tentados a tomar el camino del autoritarismo, argumentando que simplemente no puedes confiar en que la gente hará lo correcto”.

¿No es lo que sucede cuando las autoridades se quejan de que se informa demasiado, que tanta información genera temor o cuando descalifican a la gente por tomar medidas que el gobierno todavía no avala o impulsa?

“La epidemia del coronavirus”, continúa Harari, “es, por lo tanto, una prueba importante de ciudadanía. En los días venideros, cada uno de nosotros deberá optar por confiar en los datos científicos y los expertos de la salud en lugar de infundadas teorías de conspiración y en políticos egoístas”.

Si hay algo que erradicará la actual pandemia es la concepción, absurda ya antes de la emergencia, de que “la mejor política exterior es la interior”. Sin una cooperación amplia y profunda, sin involucrarnos en los temas globales, sin abandonar una política exterior mojigata que nos aísla, perderemos espacios y oportunidades en el mundo postcovid-19, donde la política global será decisiva, sobre todo en el terreno económico.

Porque lo ocurrido ha puesto en entredicho el papel de nuestro principal socio comercial y ahora político, Estados Unidos. “En crisis mundiales anteriores”, dice Harari, “como la financiera de 2008 y la epidemia del ébola de 2014, Estados Unidos asumió el papel de líder mundial. Pero la actual administración de los Estados Unidos ha abdicado del trabajo de líder… Esta administración ha abandonado, incluso, a sus aliados más cercanos. Cuando prohibió todos los viajes de la Unión Europea, no se molestó en dar siquiera un aviso previo, y mucho menos consultar con la UE sobre esa medida drástica”.

Y agrega: “incluso si la administración actual eventualmente cambia de táctica y presenta un plan de acción global, pocos seguirían a un líder que nunca toma responsabilidad, quien nunca admite errores y quien, habitualmente, toma todo el crédito por él mismo, mientras deja toda la culpa a los demás”. No se confunda, Harari está hablando de Trump.

Oculta por el coronavirus quedó la información sobre el descubrimiento de un túnel de notables características técnicas encontrado por fuerzas de la Sedena este fin de semana y que comunicaba Tijuana con San Diego. Un túnel que pertenecía a El Mayo Zambada, cuyo descubrimiento permitió decomisos muy importantes, pero, sobre todo, acabó con una fuente de tránsito clandestino que permitía el paso entre la Unión Americana y México.

Al mismo tiempo, la pandemia impidió, también, que se terminara de resolver legalmente el debate sobre el periodo de gobierno de Jaime Bonilla en BC. Un debate que tiene orígenes añejos y que debe concluir con claridad para que el gobernador, quien tiene altos índices de popularidad y está trabajando con bastante certidumbre luego del caos que dejó su antecesor, pueda abocarse de lleno a atender una problemática compleja en muchos ámbitos, incluyendo, por cierto, la seguridad y la economía.

Fuente: Exelsior