Sana distancia o fuerza moral

YURIRIA SIERRA

17 de Marzo de 2020

“Para cualquier país, una de las cosas más importantes es el compromiso político al más alto nivel, porque esta pandemia toca todos los sectores del gobierno, no sólo la sanidad (…) Es crucial (…) Una respuesta de todo el gobierno liderados por el Presidente. Y esa respuesta de todo el gobierno debe movilizar a toda la sociedad y asegurarse de que es la responsabilidad de todos…”.

Palabras del director de la Organización Mundial de la Salud a pregunta expresa sobre las acciones que México ha tenido ante la pandemia de COVID-19. Al momento en que se escriben estas líneas, ese gobierno al que apela la OMS reporta 82 casos confirmados y 171 bajo análisis en su territorio. Este mismo gobierno vivió las últimas 72 horas en contradicción. Porque así como algunos estados anunciaron la suspensión de actividades masivas en espacios públicos, la CDMX, por ejemplo, tuvo un festival musical con más de 40 mil personas durante dos días, pero también se jugó un partido de futbol a puerta cerrada. Peor aún: el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud busca dar las explicaciones más detalladas y didácticas posibles sobre las medidas que se ponen en marcha, como aquello de la sana distancia que ha explicado en las últimas conferencias de las 7 de la noche, pero también vemos al presidente López Obrador estar en medio de aglomeraciones durante sus giras de trabajo.

Y quién si no el Presidente tendría que dar el ejemplo. Comenzar desde ahí el trabajo de contención del miedo, dar la certeza de que México se prepara. Justo él mismo ha dicho que las decisiones al respecto estarán basadas en criterios meramente científicos y no políticos. “La fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio, en términos de una persona o individuo que pudiera contagiar a otros, el Presidente tiene la misma probabilidad de contagiar que tiene usted o yo…”, respondió Hugo López-Gatell cuando lo cuestionaron sobre el trato que AMLO dio. ¿Qué debemos entender ahí? Lo declarado por el subsecretario dice todo lo contrario.

El gobierno de México, quien lo encabeza, tiene que confiar y acatar las indicaciones de los especialistas que hoy están a cargo del control de la pandemia en nuestro país. No hacerlo no sólo debilita y golpea la trayectoria de ese equipo que todos los días intenta dar calma y certeza con la información que transmite. También vulnera ese mensaje tan necesario ante situaciones en donde el miedo encuentra fácil un lugar. Demasiados frentes tiene hoy el Estado mexicano como para, todavía, provocarse una crisis gratuita en medio de una crisis global.

La OMS ha llamado a los países, a todos, a realizar pruebas, pruebas y pruebas. Pues es sólo a través de ellas en que se pueden confirmar o descartar casos. En México aún hay lagunas para entender el proceso en caso de que alguien presente síntomas. Incluso los teléfonos que se han puesto a disposición de la población, hoy, son laberintos a los que resulta complicadísimo, si no es que imposible, comunicarse.

Ya la CDMX suspendió actos masivos. Ya escuelas en varios estados del país han anunciado su paro de actividades, como medida de prevención ante la llegada inminente de la fase 2. El Presidente de México, tan apegado a los simbolismos, tendría también que ya estar instalado ahí. Lo que importa hoy, en México y en el mundo entero, es justo esa #SanaDistancia, quedarse en casa, hacer aquello que está a nuestro alcance para contener la inevitable curva de contagio inmune a la fuerza moral.

Fuente: Excelsior