Otra oportunidad

Nudo gordiano

YURIRIA SIERRA

 

 

 

 

08 de Octubre de 2019

El suceso fue histórico. Como histórico puede ser su desenlace. La renuncia de Eduardo Medina Mora, que hoy podría ser ratificada en el Senado, pone en charola de plata a Andrés Manuel López Obrador una oportunidad para hacer que, en el futuro, sea recordado como el Presidente que encaminó cambios en el Poder Judicial, más aún, ese cambio que desde hace, al menos, tres sexenios se ha suplicado en beneficio de la fuerza del Estado y sus instituciones.

Él mismo tuvo que pagar el costo político que le facturó la designación de Yasmín Esquivel Mossa como ministra de la Corte hace unos meses, a pesar de los señalamientos de conflictos de interés. Una vez más, el fantasma del #SinCuotasNiCuates se hizo presente, aunque sin atemorizar lo suficiente, el matrimonio de la hoy ministra con José María Riobóo, uno de los principales asesores del Presidente, no fue factor para impedir su llegada al máximo tribunal del país. Hoy, con la primera renuncia de un ministro y con un protocolo por definir sobre la vía para avalar su salida voluntaria (las razones son materia de otra columna, pues no hay aún nada confirmado por parte de Medina Mora), éste no podría ser mejor momento para redefinir lo que se escribe en el artículo 96 constitucional.

La designación de quienes integran el brazo más fuerte del camino de la justicia en nuestro país debe ir más allá de nombres y apellidos; más allá de la sombra de los acuerdos partidistas y compadrazgos. La Suprema Corte de Justicia de la Nación es la célula más importante en materia judicial, no debe permitirse ningún resquicio que sugiera dudas sobre el mérito de cada personaje que la integra; debe ser esa institución triplemente blindada.

¿Andrés Manuel quiere ser un “gran refomador”? Aquí está una ventana de oportunidad. La designación del nuevo ministro debe exorcizar el #NiCuotasNiCuates. López Obrador ya tiene su antecedente con Esquivel Mossa; Enrique Peña Nieto lo tuvo, justamente, con Eduardo Medina Mora; o Felipe Calderón en el proceso de designación de cinco ministros durante su sexenio, por decir algo.

Es más, con el futuro de algunos temas, como el Aeropuerto de Santa Lucía, que tendrán que dirimirse directamente en la Corte, a López Obrador le urge que la Corte esté configurada cada vez con mayor distancia de su gobierno. Si con la última designación de ministros no se vio más allá del proceso ya estipulado en la Constitución, la renuncia histórica de Medina Mora sí tendría que obligar a mejorar el procedimiento. Después de todo, ni siquiera se tenía un protocolo para estos casos.

Así como nos garantizan que la salida del ministro no fue una venganza política, también nos deberían asegurar que, en el futuro, no volverá el fantasma del #NiCuotasNiCuates en ése tan cuestionado mecanismo de designación de integrantes de la Corte. El barrido prometido de “arriba a abajo” no debe ser sólo en lo que ya existe, también debe procurarse con nuevos procesos que fortalezcan todos los brazos del Estado. Aquí hay otra oportunidad. Veremos si la toma.

 

Fuente Excelsior