Huele a gas

Razones

JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

El eje de la política energética no es el petróleo, con toda su importancia, es el gas, el instrumento que se puede convertir en la principal palanca de desarrollo del país y en donde se están cometiendo los errores más graves.

07 de Agosto de 2019

No nos engañemos: cuando se habla de incertidumbre de los inversionistas, de dudas sobre el tipo de desarrollo que asumirá el país, de falta de confianza en el futuro económico, todo ello tiene un eje gravitacional: se trata de la energía. La mayor ventaja diferencial que tiene México en el terreno económico pasa por la energía, un sector que, más allá de los defectos o imprecisiones de la reforma realizada el sexenio pasado, se comenzó a abrir a los inversionistas nacionales e internacionales y a partir de lo cual se han establecido los mayores planes de negocios para el futuro del país.

Y el eje de la política energética no es el petróleo, con toda su importancia, es el gas, el instrumento que se puede convertir en la principal palanca de desarrollo del país y en donde se están cometiendo los errores más graves de esta administración.

Desde el pasado 25 de julio, el gobernador de Texas, Greg Abbott, le envió una carta al presidente López Obrador, pidiéndole que ponga fin al bloqueo político que ha dejado en el limbo un mínimo de tres mil millones de dólares en pagos y contratos para varias empresas que construyeron tuberías de gas natural en el país.

La Comisión Federal de Electricidad, desde inicios del sexenio, ha venido realizando la revisión y solicitando arbitrajes internacionales para bloquear los pagos y la operación de los siete grandes gasoductos que fueron construidos por cuatro compañías en todo México. Las obras se realizaron, están prácticamente concluidas en la mayoría de los casos y si no operan es por bloqueos gubernamentales y extorsiones de autoridades locales. Como es una práctica internacional, las cláusulas permiten a las empresas cobrar el pago completo de las mismas obras porque las demoras o la no utilización de las mismas se da por razones ajenas a las empresas (estadunidenses, canadienses y mexicanas) que las construyeron.

Esos contratos se dieron el sexenio pasado para cambiar las centrales eléctricas de carbón y petróleo de México a gas natural, que genera una combustión más limpia, más barata y más eficiente, pero la CFE decidió, a inicios del sexenio, revisar esos contratos, solicitar arbitrajes internacionales (que están, desde ya, perdidos) y regresar a la producción basada en carbón, beneficiando a algunos productores locales, particularmente relacionados con Morena.

El carbón es, para la generación de energía, una rémora del pasado y el desarrollo de los países pasa, en estos ámbitos, por el gas natural. México tiene enormes reservas de gas que no pueden ser explotadas eficientemente por el poco sensato rechazo de esta administración a la utilización del fracking, la técnica utilizada en forma cada vez más extendida para su explotación. Con los ductos y la interconexión energética con Texas, tenemos acceso a gas natural a precios muy bajos y con estos ductos se puede hacer llegar el gas a todos los puntos del país que no terminan de detonar su desarrollo porque, sencillamente, no tienen energía suficiente para hacerlo. El mejor ejemplo es la península de Yucatán o regiones del noroeste, pero también Chiapas y Oaxaca. Existe la convicción de avanzar hacia algo que se denomina como el mercado común energético, y ése es el más ambicioso programa de desarrollo regional que podemos imaginar.

Los empresarios mexicanos (y los internacionales), como se lo hicieron saber al Presidente, entre otras, en una reunión que mantuvieron sobre el tema con Alfonso Romo hace dos semanas, y con otros proyectos en curso, están absolutamente dispuestos a invertir en el sector y en las zonas de desarrollo que se irán generando con el crecimiento del acceso a ese tipo de energía. Pero el Presidente duda, un día da su aval a los proyectos y al siguiente defiende las propuestas de la CFE y de la Secretaría de Energía, que nos retrotraen a la política energética de los años 70.

En la carta de dos páginas, el gobernador Abbott instó a López Obrador a concluir rápidamente la revisión de los proyectos y permitir que las tuberías comiencen a mover el excedente de gas natural desde Texas hacia plantas de energía y fábricas en el sur de la frontera. “Las preguntas persistentes sobre los retrasos en los proyectos de México-Estados Unidos-Canadá y los contratos y compromisos comerciales de larga data podrían afectar negativamente a nuestras economías en los próximos años”, escribió Abbott y le recuerda al Presidente que “como sabe, el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá, o USMCA (nuestro T-MEC), aún no ha sido ratificado por las tres naciones. Las violaciones del TLCAN o el incumplimiento de contratos de larga data podrían poner en peligro la aprobación del USMCA”. La carta, dicen en la oficina del gobernador Abbott, al día de hoy no ha tenido respuesta.

Fuente: Excelsior