Herrera sabe decir que no, Urzúa no hablaba

 

Razones

JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

10 de Julio de 2019

Hace 16 años, casi para estas mismas fechas, Carlos Urzúa renunció a la Secretaría de Finanzas de la Ciudad de México argumentando que dejaba el servicio público para seguir en su mundo, la academia. Las razones reales fueron muy similares a las que ahora presentó en su carta de renuncia a la Secretaría de Hacienda. Dice Urzúa que se va, explícitamente, por diferencias sobre el manejo económico del país, argumentando “discrepancias en materia económica (…) porque en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento (…) convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o izquierda”. Para Urzúa, dice en la carta, es “inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”.

Es una bomba política porque devela discrepancias, toma de decisiones sin sustento, sin asumir las consecuencias y designaciones impuestas sin capacidad suficiente y con conflictos de interés.

Pero, paradójicamente, buena parte de ese diagnóstico, de esta situación, se vivió por responsabilidad del propio Urzúa. No por sus decisiones, sino por sus vacíos. Hace unos días decíamos que el exsecretario de Hacienda no actuaba como un “primo entre pares”, como el hombre encargado de llevar todo el manejo económico del país y que incluso su oficial mayor, Raquel Buenrostro, parecía tener mayor poder que él.

Urzúa se había convertido, posiblemente por su talante académico, en un miembro más del gabinete, al que incluso le costaba hablar directamente con el Presidente, ni hablemos de contradecirlo; un hombre más centrado en hacer trabajo de escritorio que política. El equipo cercano a Urzúa en Palacio Nacional le apodaba el mudo, porque era casi imposible hacer que saliera a dar una declaración, incluso en momentos tan difíciles como cuando se trató de imponer comisiones excesivas al sistema bancario.

Arturo Herrera, que llega a esa posición desde la subsecretaría del ramo, es, en buena medida, la antítesis de Urzúa. Fue también secretario de finanzas de López Obrador en la Ciudad de México, pero fue el que en los dos últimos años de gestión del 2004 al 2006 puso orden en una dependencia y unas finanzas públicas acosadas por el desorden y la corrupción reflejadas en los videoescándalos de su antecesor, Gustavo Ponce Meléndez. Es un hombre que ha trabajado de cerca con el sector financiero y el Banco Mundial, que no ha tenido reparos en discrepar públicamente con el propio López Obrador en temas cruciales, como la construcción de la refinería de Dos Bocas (Herrera insistió, ante los inversionistas de Pemex, que esos recursos era mejor invertirlos en exploración y explotación en lugar de una refinería) o la necesidad de realizar ajustes fiscales como la aplicación de una tenencia vehicular homogénea y obligatoria para todo el país. El Presidente lo desmintió en ambas ocasiones, pero ha sido el único en el equipo económico con capacidad de discrepar, incluso públicamente, con el Presidente, en temas públicos y privados, incluyendo el manejo que originalmente se había hecho de los bonos del aeropuerto de Texcoco, un tema que terminó acordando con los acreedores.

Claro que la carta de Urzúa refleja una crisis y habrá que ver cómo la atiende Herrera y si su capacidad de trabajo alcanza para romper inercias y malas decisiones que se han tomado en muchas ocasiones precisamente por lo que dice su ahora antecesor: toma de decisiones sin sustento, sin asumir las consecuencias y designaciones impuestas sin capacidad suficiente. Eso es lo que tendrá que desmontar, pero para hacerlo se requiere estar, aparecer, operar y pelear, lo que no hacía Urzúa.

¿Con quiénes son las principales diferencias de Hacienda? Evidentemente, con Alfonso Romo, pero hay diferencias enormes entre Hacienda y el área energética del gobierno federal. Los principios de crecimiento y desarrollo no pueden lograrse con las políticas que están planteadas desde Sener, CFE y en buena medida, Pemex. Los recortes se deben hacer con bisturí, no con un machete. Herrera tendrá que impulsar la reforma de pensiones y el plan de negocios de Pemex, que Urzúa no parecía tener fuerza para impulsar en forma positiva.

Se ha dicho que en el contexto de la lucha interna por el poder, la salida de Urzúaimplica un debilitamiento de la posición de los moderados contra los radicales. No es así: es una lucha entre los diletantes y los eficientes, entre la zona de confort y la operación real. Herrera, si es necesario, le dice que no al Presidente, Urzúa no le hablaba.

Fuente: Excelsior