La resistencia que viene

Nadando entre tiburones

VÍCTOR BELTRI

 

 

Los datos no mienten. El país —es preciso advertirlo— no marcha por el camino correcto. Los datos no mienten, y menos cuando son confirmados: en la última semana, y más allá de la propaganda estatal desplegada cada mañana, las cifras aterrizan —y definen— el escenario al que nos enfrentamos.

Un escenario que —hay que decirlo— no resulta halagüeño, en absoluto. La crítica actúa desde la lealtad: nadie desea un porvenir catastrófico para la nación, pero es un deber advertir —de nuevo— sobre los riesgos que enfrenta quien carga sobre sus hombros la pesada responsabilidad de un país al que le fueron prometidos resultados que, ahora es más claro que nunca, se esfuman entre las manos.

Resultados que, si antes resultaban inalcanzables, hoy resultan absurdos. Como el objetivo de gobierno de crecer al 4%, sin un plan para alcanzarlo, que hoy se ve rebasado por la realidad que, de acuerdo con cifras del Fondo Monetario Internacional, lo sitúa en un pobre 1.6%, en mucho menor al 2.5% promedio alcanzado por la administración anterior. El Presidente en funciones no ha sido capaz de atraer más inversiones, sino que, al contrario, la vacuidad de sus palabras tan sólo ha ahuyentado a quienes podrían haber estado interesados en invertir en nuestro país. Las cifras lo demuestran, y fueron publicadas —hace unos días— por el FMI.

Las cifras lo demuestran, y los datos no mienten. Las cifras sobre las que, en la conferencia mañanera de hace unos días, debatió un controvertido periodista mexicano —radicado en EU— con el Presidente de la República, no mienten, como lo confirmó al poco tiempo el secretario Durazo con los datos que, el mismo reportero apuntó, formaban parte de la información brindada —hasta el momento— por las autoridades. Los datos no mienten: de seguir así, el presente año se podría convertir en el más violento, en los registros de los últimos años.

El más violento, o el más pobre. O el más violento y el más pobre, tal vez. Las cifras que, sobre el empleo, publica el IMSS, son contundentes: durante el mes de marzo tan sólo se generaron 48 mil 515 empleos formales en México, lo que —en los hechos— resulta ser inferior en más de un 46% a los que fueron creados, en el mismo periodo, durante 2018. Las cosas son muy claras: al objetivo de crecimiento exacerbado se opone la realidad del FMI; al objetivo de disminuir la inseguridad se opone la realidad de unas cifras que sólo prevén caos e ingobernabilidad; a la meta de controlar la agenda pública se contrapone el enfrentamiento con la verdad de un país que no sabe qué hacer.

Un país que no sabe qué hacer y que, mientras tanto, se ve envuelto en el torbellino de las ideas que no son sino una entelequia. Una entelequia ante la que los países no responden con más inversiones ni, tampoco, con el apoyo incondicional a una causa determinada. Un país que no podrá opinar —con libertad— en los medios que ocupa el tirano pero que, por otra parte, se haya visto envuelto en la operación de los objetivos que, sin duda, se han convertido en el lugar en el que pretende tener la razón. Como perros y gatos.

Como perros y gatos. Como animales de un país en el que todo es perfecto hasta que se comienza a cuestionar el poder, hasta que tiene que ser asignada una responsabilidad sobre cualquiera de los partidarios. Partidarios que son como animales, como mascotas, que hoy se encuentran decepcionados de no haber sido tomados tan en serio y que, en unos cuantos meses, estarán dispuestos a formar la resistencia. Una resistencia que, en las condiciones actuales, no tiene alternativa; una resistencia que, en las condiciones del resto del país, debería de iniciar ya.

Fuente: Excelsior