¿Mejor pobreza franciscana?

Nudo gordiano

YURIRIA SIERRA

 

 

 

12 de Marzo de 2019

Poco más de tres meses y Andrés Manuel López Obrador cuenta con una aprobación no vista en el primer trimestre del gobierno de sus tres antecesores. Conferencias de prensa diarias, al menos en día hábil y cuando la ocasión lo ha requerido, como sucedió tras la explosión de Tlahuelilpan. Reportaba Luis Pablo Beauregard en El País, que Andrés Manuel López Obrador ha tenido más encuentros con la prensa en sus primeros tres meses de gobierno, que los que registraron Barack ObamaGeorge W. Bush o Bill Clinton en los ocho años que cada uno estuvo el frente de Estados Unidos.

La opinión positiva del Presidente de México alcanza puntos máximos de 85%, según un estudio de Integralia Consultores. Sin embargo, en el mismo análisis se precisa lo que otras perspectivas han revelado y que, con el tiempo, serán realidad trágica e inevitable, difícil de esquivar. López Obrador ha hecho suyo el discurso cotidiano, dicta la agenda en aquellas, sus conferencias mañaneras en Palacio Nacional, pero éstas se han convertido en el campo de una batalla que no se nombra, pero que todos los días tiene nuevos frentes: es ahí donde AMLOsortea sus contradicciones, la gran constante del Presidente durante estos primeros 100 días. Y no necesariamente todas se le atribuyen a él, porque muchas han llegado de su equipo. Lo que un día se anuncia desde una secretaría, al siguiente el mismo personaje aclara lo que quiso decir; ya sea en un chacaleo o bajo la sombra de López Obrador. Ha sido tan frecuente, que revelan ciertos grados de improvisación. Comunicados que se filtran; infografías no autorizadas que llegan a redes sociales, nombramientos sumamente cuestionables, por dar algunos ejemplos. Y este tendría que ser su más recurrente logro: a pesar de esos tropiezos, capitaliza sus argumentos aun así se contrapongan. Y eso ha sido posible gracias a esa otra constante: su línea discursiva contra la corrupción, que no ha faltado un solo día en sus conferencias. La corrupción, la causa de todos nuestros males, incluso de la discriminación por cuestión de género, como dijo el pasado 8 de marzo.

Y justo estos mensajes le permiten llevar un ritmo que se anuncia como transformador, pero que, en realidad no tendría que considerarse tal, porque a la fecha no puede presumir aún de resultados tangibles que, además, sean positivos. Pero los anuncios diarios, la cruzada de todos los días para combatir a aquello que le hizo daño al país, es la narrativa perfecta para un Presidente que parece tener prisa por decirnos que todo cambiará, aunque la ruta se presuma brumosa.

La pregunta es, ¿cuánto tiempo más podrá sostener así su presidencia? Ya avisó que su gobierno se ahorrará conflictos, como el del aborto, aunque la secretaria de Gobernación anuncie una iniciativa para impulsarlo en todo el país. Oh, contradicción. ¿Cuánto más podrá ser creíble una narrativa construida de esta manera?

Al paso del tiempo, la demanda por resultados será la nueva constante, una que no estará en sus manos controlar. Porque aciertos o tropiezos serán evidentes. Si hasta hoy le es fácil descalificar a la prensa y organizaciones de la sociedad civil que lo cuestionan, llegará el tiempo en que las conferencias serán más terreno para las preguntas que espacio para los anuncios. Vendrán tiempos electorales, que obligan a la rendición de cuentas y la transparencia, y será el momento perfecto para que su gobierno demuestre si sus usos y costumbres son distintos a los vistos en otros sexenios.

Tal vez la forma de blindarse de ese momento, ya en la mente de López Obrador, sea lo que le escuchamos decir ayer, como defensa de los programas sociales, cada vez más sin intermediarios: “aunque nos quedemos sin camisa, aunque pasemos de la austeridad republicana a la pobreza franciscana, siempre habrá estos apoyos…”. Porque, ciertamente, debe tener segura una estrategia para no perder un capital político que por ahora ha aceptado los anuncios, pero que, inevitablemente, le exigirá resultados.

Fuente Excelsior