Deber ser

Nudo gordiano

YURIRIA SIERRA

 

 

 

Una pareja de actores mexicanos fue blanco de la controversia esta semana. Ambos, productores exitosos de teatro, creyentes de la cultura y de su necesidad de espacios, ocuparon titulares de una revista de espectáculos debido a su separación. La orientación sexual de uno de ellos habría sido la causa

 

 

 

12 de Enero de 2019

Después de intensos días por la crisis de combustible, respiremos un poco, hay temas tantos para reflexionar y que parecieran innecesarios, pero que no lo son, por el contrario.

Noto que aún somos esos que pedimos explicaciones por la vida del otro. Que esperamos atentos, a veces, casi siempre exigentes, las razones que nos detallen el por qué se es o se hace determinada acción. Noto que aún somos aquellos que nos sentimos con autoridad para reprobar o aplaudir asuntos que nada tienen que ver con nosotros y que mucho —o todo— corresponden a cualidades y características personales. Noto que aún creemos que la nuestra es la última e irrefutable palabra. Quien ose salirse de nuestro esquema es blanco de todos los juicios, de todas las críticas. Las merecen, cómo se atreven. Quién los manda a ponerse ahí, en un lugar que para el resto es incómodo, escandaloso. Los patrones, lo establecido, se aferran a ser norma. Lo que sale de esto se aferra a ganar su espacio. Y qué afortunados somos de ello.

Una pareja de actores mexicanos fue blanco de la controversia esta semana. Ambos, productores exitosos de teatro, creyentes de la cultura y de su necesidad de espacios, ocuparon titulares de una revista de espectáculos debido a su separación. La orientación sexual de uno de ellos habría sido la causa. Lo cierto es que éste es asunto que sólo importa, que sólo debe importar, a los involucrados. Pero noto que aún hay quienes se sorprenden con la sexualidad ajena. Lo que se hace, con quién se hace, cómo se hace, el por qué se hace, es alimento para muchos a pesar de no ser parte de estos acontecimientos, a pesar de que éstos se realizan entre adultos y por consenso.

“Yo soy un ser humano que me enamoro de otro ser humano. Me he enamorado de un hombre y me he enamorado de una mujer. Y me puedo volver a enamorar de una mujer o me puedo volver a enamorar de un hombre. Estamos en 2019 (…) Que estemos especulando, que estemos apuntando dedos a estas alturas me parece muy triste porque hoy en día está comprobado que la gente se enamora de la persona, de lo que es, de lo que representa…”, dijo uno de ellos en la conferencia que ambos ofrecieron con la valentía de quienes saben que se enfrentarán a los lobos. Y estos lobos se habrán encontrado con la determinación de dos personas que, gracias a los innecesarios juicios y cuestionamientos, acabaron por dar una lección: el deber ser no existe. Bravo, Mariana y Pablo.

Las preguntas sobre la sexualidad de las personas continúa como falso punto de interés en una sociedad ávida de sentencias y sentenciados, porque noto que hablar del siglo XXI es meramente un asunto de calendario. Por ello millones de personas en el mundo encuentran en el silencio un refugio que no calma, pero que al menos mantiene en la sombra; por ello millones de niños y jóvenes acumulan dolor en la que tendría que ser la etapa más enriquecedora para el desarrollo de su personalidad; por ellos, tantas y tantos han optado por cortar de tajo un camino que a pesar de los baches pudo recorrerse a través de pasajes indescriptibles de tan felices.

La norma, siempre la norma que busca coartar las libertades: nadie está en obligación de ser bajo la óptica del otro, pero éste es un asunto al que a través de los años no le hemos podido dar un espacio en la psique de nuestras sociedades, a pesar de ello, nos aferramos a que la norma sea una herramienta de control, aunque la historia nos diga que jamás funcionará cuando se trata de asuntos que competen sólo a la naturaleza humana. Ojalá que pronto seamos más libres.

Fuente Excelsior