Sin gasolina y sin respuestas

Nudo gordiano

YURIRIA SIERRA

Es la condición que se vive en al menos seis estados del país: no hay combustible, tampoco explicaciones. Es la norma de los últimos días y que, poco a poco, se ha expandido incluso hasta la Ciudad de México. Pero no es desabasto, sino descuido en la distribución, nos aseguran, como si los tecnicismos resolvieran ya no digamos el problema, sino, al menos, las dudas, y como si ésta muy simplista explicación garantizara el suministro de pipas y llenara los tanques de familias, comerciantes, transportistas.

Y que si se critica la estrategia del gobierno contra la ordeña de ductos es porque casi se está defendiendo a los huachicoleros (sin reconocer el mismo gobierno que con su estrategia estarán generando un nuevo huachicol: las ventas al menudeo de combustible en el mercado negro). Que si preferimos la pasividad ante los más de 60 mil millones de pesos que, según Andrés Manuel López Obrador, costó el robo de combustible durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Brillante habrá sido su operativo que, según el Presidente, en estos varios días de desabasto se han ahorrado cantidades significativas de recursos: “Desde que iniciamos el plan, en total se han robado ocho mil 540 pipas menos, que si se colocaran una tras otra son como 80 kilómetros de pipas, en dinero ha significado un ahorro de dos mil 500 millones de pesos…”, dijo ayer en su conferencia mañanera en Palacio Nacional. El tema con las cifras que vienen siempre de voz de AMLO es que no se sabe de dónde se obtienen. Legitimidad bajo palabra, como parece ser el sello de este gobierno. Aun siendo exactas: ¿por qué no meter a los huachicoleros a la cárcel? ¿Por qué optar por un sistema de distribución de principios del siglo pasado en lugar de hacer valer el Estado de derecho?

Ayer, mientras Claudia Sheinbaum aseguraba que no había reportes de desabasto de gasolina en la capital, en al menos diez estaciones de gasolina sucedía lo contrario. Y así se fueron sumando decenas de estaciones a lo largo de la tarde de ayer. Y en aquellas entidades las consecuencias van más allá de las estaciones cerradas. Largas horas de filas, incluso desde un día antes, tan sólo para encontrarse con venta limitada, si se tenía suerte. Y toda la productividad y la actividad económica estranguladas por el desabasto que no es desabasto. Y nadie sale a explicar por qué la estrategia de combate al huachicol (muy loable, nadie lo negará) no contempla castigo para los criminales, como tampoco nos dan claridad de cuándo estará restablecido el abasto en todas las entidades afectadas.

Acaso lo único que hemos obtenido, además de aquel tecnicismo que no permite llamarle desabasto, es la declaración de Rocío Nahle, secretaria de Energía: “Posiblemente, a la hora del cálculo no tuvimos la logística suficiente (…) Le pedimos disculpas a la gente de antemano. No fue nuestra intención ocasionarle malestar a alguien…”, aseguró. En los últimos días la he buscado, sin éxito. Tampoco en Pemex, donde se limitan a decir que sólo enviarán comunicados. No hay, pues, desde el gobierno federal, nadie que emita respuestas, que explique con peras y manzanas las causas del desabasto, que detalle las causas de las omisiones, de lo improvisado del operativo. No basta que se diga que se debe al combate al huachicoleo, se trata de que la población sepa el porqué esta estrategia, del que es totalmente ajena, los perjudica de tal forma que deban pasar tres horas (en algunos estados una noche entera) en la fila para comprar apenas 20 litros de combustible, como lo han reportado en redes sociales, como se ha documentado ampliamente en los espacios informativos.

Hay promesas de Pemex ¡para enviar miles de barriles de gasolina a los estados afectados!, habrá que dar seguimiento. Hay pronósticos de regularización en el abastecimiento, con fecha no más cercana al viernes. Pero seguimos sin una respuesta clara y contundente desde el gobierno. Sólo escuchamos la negación de una emergencia que se les fue de las manos. Para la tarde-noche de ayer, Pemex reiteraba que no hay desabasto en la CDMX. Los hechos de ayer martes nos dicen lo contrario. Será que le apuestan a que el reabastecimiento llegue antes que sus ganas de dar alguna explicación. Lo malo es que ninguna de las opciones parece tener fecha clara. Ojalá el Presidente y su equipo se den cuenta de que esto ya amenaza con volverse un asunto de seguridad nacional.