Retrovisor: La oposición ¿está manca?

Por Ivonne Melgar

El presidente López Obrador ganó con el 53% de los votos. Pero desde la transición viene gobernando como si el 47% restante del electorado no existiera.

Es cierto que la oposición se desdibujó cuando Morena, el Partido del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES) consiguieron la mayoría legislativa en el Congreso.

También es cierto que son muchos los legisladores que le dan a López Obrador la fuerza del cambio: 70 en el Senado y 314 en San Lázaro.

Pero hay 58 senadores y 186 diputados de la oposición. ¿Están paralizados?

Varias son las respuestas. Por un lado, el liderazgo de López Obrador y la inédita cifra de 30 millones de votos diluyen los pronunciamientos de quienes recibieron el respaldo de los otros 26 millones de electores.

Hablamos de 26 millones de ciudadanos que esperan que sus síndicos, concejales, alcaldes, gobernadores y parlamentarios los representen en un sistema político democrático.

Por otro lado, a diferencia de sus antecesores, el presidente López Obrador aglutina a su alrededor una constelación de intereses.

Hoy tanto en el gabinete, como en las bancadas y la base política de la Cuarta Transformación coexisten inversionistas de proyectos cuestionables en materia ambiental y los dirigentes de protestas en su contra.

Lo mismo sucede con temas polarizantes, como la despenalización del aborto. Alrededor del nuevo gobierno hay feministas que confían en concretar esa bandera y también hay un partido como el PES, que en su plataforma incluye la defensa de la vida desde la concepción.

Y los ejemplos también se presentan en materia económica o en torno a la militarización de la estrategia de seguridad.

Esta particularidad convierte al Presidente en un árbitro de intereses antagónicos, dificultándole a la oposición la tarea del contraste.

Pero no hay hegemonías eternas. Y menos cuando el ejercicio del poder subraye las contradicciones.

Por lo pronto, vale la pregunta: ¿tiene futuro la oposición?

El PVEM se anexó tiempo atrás a López Obrador.

Aunque formalmente fueron en alianza electoral con el PRI, los verdes se asimilaron ya a Morena. El mejor ejemplo es el senador con licencia que hoy deja el gobierno de Chiapas, Manuel Velasco.

El caso de Nueva Alianza confirma la capacidad de López Obrador para cobijar a los contrarios, al extenderle la mano a una fuerza que su fundadora, Elba Esther Gordillo, habría querido ver aniquilada.

Si bien el turquesa que preside Luis Castro Obregón perdió el registro, ahora busca reinventarse como partido estatal, mientras su senadora Rocío Abreu es de la bancada morenista.

El PRD es el partido más huérfano en esta coyuntura: su militancia se mudó con López Obrador y cuadros como Alejandra Barrales y Juan Zepeda prefieren salir en la foto de Movimiento Ciudadano que asistir a las reuniones perredistas.

Ese dato anecdótico ilustra la relevancia que toma MC como fuerza de centro izquierda con su relevo generacional: el senador Dante Delgado pasó este lunes la estafeta al también senador Clemente Castañeda del grupo Jalisco.

La semana no podía ser mejor para los emecistas que, se han propuesto defender la soberanía de los estados y cuyo primer gobernador, que rindió protesta este jueves en Jalisco, Enrique Alfaro, fue quien lideró ante López Obrador la solicitud de quitar a los superdelegados la supervisión de la seguridad.

En cuanto al PRI, esta semana sin la tutela de Los Pinos, ha comenzado a despabilarse: hoy se formalizará la corriente Líder, como parte del proceso de autocrítica con políticos como Héctor Yunes, José Encarnación Alfaro, Ernesto Gándara e Ivonne Ortega.

Y la bancada priista en el Senado, a cargo de Miguel Osorio, y de la mano de la presidenta nacional, Claudia Ruiz Massieu, cabildeó la acción de inconstitucionalidad que anoche ya aceptó revisar la Suprema Corte de Justicia en contra de la Ley de Remuneraciones para el capítulo del Poder Judicial.

Firmada por 55 senadores del PAN, PRI, PRD y MC, ésta es la primera prueba del alcance que podría tener el veto opositor en asuntos como la designación de ministros, el fuero y la revocación de mandato.

Respecto a ese último punto, se cabildea en el Senado la posibilidad de conservar la cifra de 43 votos en contra, a fin de que Morena no tenga la mayoría calificada que se requiere para la reforma constitucional que concretaría la idea presidencial de figurar en la boleta electoral de 2021.

Aun cuando la nueva dirigencia del PAN de Marko Cortés se encuentra supeditada a los cálculos presupuestales de los gobernadores, ya hace una semana padeció la rebelión de diputados y senadores que, en un 80%, se negaron a desistir de sus protestas contra Nicolás Maduro y las tentaciones autoritarias de la nueva administración.

Mientras, en el Senado es un secreto a voces que la bancada se niega a las pulsiones negociadoras del coordinador Rafael Moreno Valle.

Es evidente la defensa que de la segunda minoría en el Congreso hacen legisladores como Gustavo Madero, Damián Zepeda, Josefina Vázquez Mota, Xóchitl Gálvez y Kenia López Rabadán, entre otros.

Así que ante el “¡Me canso ganso!” del Presidente, bien podríamos escuchar otra frase coloquial entre la oposición. Por ejemplo: “¡No estamos mancos!”.