Información cierta

Por Ricardo Alexander M.*

Una de las características que tienen los países más desarrollados es que generan, contabilizan y utilizan información seria, entendible y creíble. Ésta fomenta confianza en todos los ámbitos nacionales: en los empresarios para invertir; en la población para entender lo que está pasando en el territorio; en el gobierno, para la toma de decisiones estratégicas.

Sobre el tema, se puede decir que hay dos tipos de países. Aquellos que tienen y usan información poco creíble, lo que —aunque sus propios gobiernos no lo acepten— les juega en contra, pues ahuyenta las inversiones, crea incertidumbre y lleva a diagnósticos incorrectos. Y los que se pueden conocer por sus datos y números, que se basan en metodologías serias para generarlos.

En Latinoamérica, dentro del primer grupo está nuestro ahora amigo —según ha declarado su presidente Nicolás Maduro— Venezuela, cuya economía se va a contraer este año —según el Fondo Monetario Internacional— en algo así como 18%, y que proyecta incertidumbre a cualquier tipo de inversión, principalmente por la opacidad
y la falta de información; cualquier cosa que dice su gobierno merece ponerse en tela
de juicio. Dentro del segundo grupo, está Chile, país pequeño en el cono sur, con menos de 20 millones de habitantes, cuyo PIB per cápita es de más de 15 mil dólares al año, 70% mayor que el de México, y la seriedad de su información tiene el consenso global de ser verídica.

Afortunadamente, después de mucho tiempo y esfuerzo invertido, México es, al día de hoy, un país de este segundo grupo. Somos considerados a nivel mundial como una economía firme, que cuenta con instituciones fuertes, que generan información que se puede usar para tomar decisiones. Entre otras, tenemos al Inegi, organismo constitucional autónomo que goza de excelente reputación tanto dentro como fuera de México.

No obstante, existen algunos signos preocupantes —porque así lo han percibido los mercados— de que la nueva administración no le proporciona información fidedigna al presidente Andrés Manuel López Obrador, ni es propensa a que se cuente con ella, ya sea por miedo o conveniencia.

Un ejemplo de ello son las consultas populares llevadas a cabo, por el entonces equipo de transición, a finales de octubre y de noviembre. Difícilmente alguien puede argumentar, con pleno convencimiento, que estos son verdaderos ejercicios democráticos y representativos de la sociedad mexicana, y que sus resultados pueden ser usados sin dudar de su exactitud. La incertidumbre que se generó en los capitales tan pronto se dieron a conocer sus resultados, no fue en vano.

Otro, es el “censo del bienestar”, que están llevando a cabo los “siervos de la nación”, para determinar los beneficiarios de los programas sociales de la nueva administración. Un ejercicio de este tipo necesita una gran planeación, y no simplemente desarrollar un cuestionario y mandar a 20 mil personas a preguntar casa por casa.

Finalmente, el ejemplo más claro de este desdén por los datos certeros y la información confiable, está en lo que se le comunica al presidente López Obrador para que transmita, como lo hizo en su toma de posesión cuando mencionó que las remesas son el mayor ingreso del país, cuando la inversión extranjera directa, en 2017, fue mayor, o que la Policía Federal tiene 20 mil elementos, cuando en realidad es el doble.

Desgraciadamente, los mercados son propensos a ver con malos ojos el manejo de información sesgada, y en México, al contar con instituciones como las que hoy tenemos se pueden conocer los datos reales, lo quiera o no el gobierno: crecimiento de la economía, endeudamiento público, número de muertos por parte de la delincuencia organizada, etcétera.

Los funcionarios públicos tienen la responsabilidad y obligación de trasmitirle la situación real del país al presidente López Obrador, y no simplemente la que se adapta más al momento, a una creencia o a una necesidad, pues la única manera en que se pueden cumplir con los compromisos que se han hecho desde la campaña, es simplemente cumpliéndolos. Y eso no se puede lograr partiendo de información o diagnósticos alejados de la realidad.

           *Maestro en Administración Pública

           por la Universidad de Harvard

y profesor en la UniversidadPanamericana

                Twitter: @ralexandermp