Corolario: Jefa de Gobierno

Por Raúl Contreras Bustamante

En 1824, cuando México aprobó su primera Constitución como país independiente, se dispuso crear una Federación cuyos poderes fueron asentados en la Ciudad de México, administrada de manera directa por el Presidente de la República en turno, quien tenía la facultad de designar a su gobernante. Fue hasta 1997, en que se verificaron las primeras elecciones democráticas para determinar quién sería el jefe de Gobierno.

El estatus legal de la Ciudad de México fue producto de varias reformas constitucionales que determinaron finalmente la desaparición de la figura del Distrito Federal —en enero del año 2016— y la instauración de una entidad federativa sui géneris, que se denomina actualmente como su nombre original: la Ciudad de México.

Esta semana, tuvo lugar la toma de protesta de la doctora Claudia Sheinbaum, como la nueva jefa de Gobierno de la Ciudad de México, con lo que inicia sin duda una nueva e histórica etapa en la vida de la capital de la República y epicentro —en muchos sentidos— de la vida nacional.

Es digno de hacerse notar que será la primera ocasión —desde 1997 en que se elige gobernante en la metrópoli— que la Presidencia de la República y la Jefatura de Gobierno de la capital del país, son  ocupadas por personalidades provenientes del mismo partido político: Morena.

Esperamos que esta coincidencia sea la base de una eficaz dinámica de colaboración entre el Ejecutivo Federal y el local, para beneficio de los habitantes capitalinos.

La labor que tiene por delante la física, formada en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, no será nada sencilla. Se trata de administrar a la ciudad más grande y compleja de la nación, que se caracteriza por albergar a una ciudadanía muy progresista y ser un espacio generador de derechos que son un modelo normativo a seguir en el resto del país.

Como producto de varias reformas constitucionales, hace tan sólo unos meses entró en vigor la primera Constitución de la Ciudad de México que contiene una amplia gama de nuevos derechos a favor de la población de esta gran metrópoli.

Esta nueva —y poco difundida ley fundamental local, en extremo garantista— contempla entre otros temas: la autodeterminación de la personalidad y el derecho a la muerte digna; el derecho a la buena administración pública; derechos sexuales y reproductivos; derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua potable suficiente, salubre, segura, asequible, accesible y de calidad; el uso médico y terapéutico de la mariguana. Asimismo, garantiza un seguro de desempleo, entre otras prestaciones.

El reto de la nueva administración capitalina estará en llevar al plano material la aplicación real de ese ambicioso catálogo de conceptos consagrado en la norma constitucional local y hacer efectivos tantos derechos —y muy pocas obligaciones ciudadanas— para evitar el desencanto de la ciudadanía cuando constate que muchos de estos nuevos preceptos serán imposibles de financiar y cumplir.

Además, tendrá que rehabilitar las avenidas y calles de la ciudad que están en condiciones ruinosas; invertir en el Metro que se está demeritando a diario por falta de inversión, frenar la violencia y delincuencia que ha venido incrementándose, entre otras muchas demandas.

Como Corolario, las palabras de Oscar Wilde: “El único deber que tenemos con la historia es reescribirla”.