Nudo gordiano: Hiperactivo

Sin parar. Decidió no detener el paso. Tal como en la campaña, igual que en la transición. El ahora presidente Andrés Manuel López Obrador optó por no bajar la velocidad. Hoy habrá dado su segunda conferencia como Presidente. La segunda de muchas que le esperan en seis años. O el tiempo que permanezca si se convierte en realidad aquello de la revocación de mandato… que él mismo prometió. Pero con el fin de semana tuvimos y tendremos para hablar por varios días. AMLO sabe que pone agenda. No duda en hacerlo aunque sea dando tumbos. Qué bien que en algunos aspectos optó por la certidumbre, corrigió, aunque sin decirlo así. Qué mal que opte por la esperanza alimentada en deseos, más que en realidades.

Pero también ha aprendido a dar acuse de la realidad cuando ésta no responde como él quisiera: el peso registró el control de daños y, junto a la Bolsa, ganó terreno en una sola jornada: el domingo por la tarde supimos que se mantiene la construcción del NAIM, y aunque la noticia fue nuevo aliento para algunos, después nos precisaron que es una estrategia de prevención para no caer en incumplimiento y evitar pagar multas, pero también para regresar certidumbre a los mercados.

El proyecto sigue con los días contados, los más de 11 mil trabajadores que ahí laboran permanecerán con su rutina intacta hasta el 31 de enero próximo. Nada cambiará mientras se negocia con tenedores de bonos y contratistas. La razón es simple, y algo recurrentemente mencionado desde que le escuchamos decir por primera vez que se cancelaría la construcción: ¿cómo se pagarían las multas que genera una decisión como ésta?

Sabemos que evitarlas es imposible, pero ha sido claro para todos que el dinero del fideicomiso aeroportuario no alcanza para recomprar los bonos del NAIM, mejor dicho, aquel proyecto en Texcoco hoy con futuro zigzagueante. Así que para evitar un mal mayor —suficiente tenemos la fuga de capitales— prefirió el terreno de la certeza que puede obtener tras la cancelación. Aunque la pregunta no está respondida del todo.

¿Qué hará para completar los pagos? ¿Contratará más deuda? ¿Recortará al presupuesto pensado para las becas que prometió a los jóvenes ninis? ¿Mochará los apoyos a los adultos mayores? ¿Suspenderá los programas que planea para mujeres embarazadas? ¿Los recursos para rescatar hospitales? ¿Dinero para levantar las cien universidades? ¿Evitará las demandas por la cancelación aeroportuaria incumpliendo con las promesas que reiteró en su discurso del Zócalo?

Agobia que teniendo la mesa puesta para hacer un gran cambio, el gobierno se meta el pie en temas económicos. La consulta fue un ejercicio simbólico que parece estar trayéndole más problemas que beneficios al gobierno que apenas arranca. En temas sociales, las cosas no pintan mejor. Ayer fue la firma de decreto para la instalación de una Comisión de la Verdad sobre el caso Ayotzinapa. Los padres de los 43 estudiantes se lo dijeron: si les regresa a sus hijos, volverán a confiar en él. ¿Qué harán AMLO y su gobierno para a dar a los padres esa luz que transforme su dolor y la esperanza, en certeza sobre el paradero de sus hijos? La CNDH informó la semana pasada que se encontraron restos de al menos 19 personas incineradas en el basurero de Cocula, falta cotejarlos con el ADN de los estudiantes.

De coincidir, aquel informe abonaría a lo revelado por la PGR de Murillo Karam y que fue denostado por los padres de los normalistas. Si bien es cierto que la firma del decreto fue un acto con mucho simbolismo (¿cuántas veces fueron convocados por el sexenio recién terminado?), lo cierto es que no hay aún ninguna ruta planeada para dar por cerrado el caso.

Primeros días de su mandato, si no es que aún podría contabilizarse en horas, y López Obrador anda hiperactivo. Incluso, ya mandó el avión presidencial a EU para iniciar su proceso de venta. Lo tramposo de la alta velocidad es que, aunque permite llegar más rápido a un destino, en el trayecto no habrá tenido el tiempo para reparar en los detalles y, a veces, la falta de información sobre ellos provoca que debamos recorrer dos veces un mismo camino. O desandar para corregir. Ojalá que no. Que la prisa y el afán omniabarcante no sean obstáculos autoimpuestos. Que la hiperactividad no termine por impedirle ver los muchos puntos ciegos que hay en todos los caminos.