¿A nadie preocupa su desprecio de la ley? ¿Qué lo explica?

Una de las luchas aparejadas a la que libraron y libran —en un buen número de países— grupos amplios de la sociedad por conseguir la democracia, es aquélla que tiene por objeto hacer que la ley sea respetada por todos sin distingo alguno o si lo prefiere, porque ese país cuente con un pleno Estado de derecho.

Las más de las veces, la lucha por la democracia es la primera de las dos que empieza a rendir frutos debido a los procesos electorales y la participación ciudadana. La otra (si bien a no pocos parece fácil la construcción de una cultura de la legalidad porque, afirman convencidos, los textos legales ahí están, una vez aprobados por el Congreso o el Parlamento), lo aceptemos no, enfrenta una férrea oposición por quienes, durante años y años, el único estímulo recibido en materia de la ley y su respeto no ha sido otro que ver prácticamente a todos, violarla de manera sistemática y permanente.

Ese cambio de mentalidad, elemento imperativo para estar en condiciones de poder afirmar que ésta o aquella sociedad ha construido y hecho suya una cultura de respeto y aplicación de la ley sin distingo alguno podría, sin duda, tomar generaciones. De ahí pues, que aun cuando uno podría afirmar que los textos legales ahí están, las más de las veces son letra muerta, tanto para la autoridad como para el violador de aquélla.

¿A qué se debe esto último? ¿Qué explica que leyes vigentes sean despreciadas ofensiva y descaradamente y nadie, ¡sí, nadie!, repara en ello? ¿Qué explica esa conducta de prácticamente toda una sociedad? En México, no es difícil encontrar la respuesta a lo que en otras sociedades podría ser un misterio insondable. Aquí, desde edad muy temprana nos damos cuenta y vamos —de manera inadvertida— siendo educados en esa visión de la ley, que violarla sistemática y permanentemente no acarrea consecuencia alguna, tanto para el violador como para la autoridad encargada de respetar y hacer respetar la ley.

Al llegar a la edad ciudadana, ese mexicano lleva en su mentalidad —como pilar fundamental de su visión de la vida en sociedad—, que violar la ley es algo natural y aceptable. De manera tal lo es, que cuando un gobernante, funcionario o legislador la viola enfrente de todos, lo vemos como algo normal por lo que no hay protesta alguna.

Lo que en los tiempos que corren presenciamos de López y los suyos, es una conducta que ha abrevado en esas costumbres y adoptado como suya esa visión casi decorativa de la ley. Es más, la ven como algo que en ciertos casos especiales sería aplicable al adversario y/o los simples mortales, pero ellos, están profundamente convencidos que no son simples mortales y por lo tanto, están por encima de aquélla.

A medida que toda sociedad y su economía crecen y se hacen complejas ambas, la convivencia requiere todo un andamiaje jurídico que norma y siente las bases de una convivencia civilizada. Sin embargo, la mentalidad y la visión resultante de decenas de millones frente a dichos preceptos legales, es la misma que mamaron durante años y años: la ley sirve para violarla.

Hoy, por ejemplo, López y los suyos pueden tomar decenas de leyes y reglamentos y pasárselos por el Arco del Triunfo y no hay, de manera masiva y enérgica de parte de millones de ciudadanos, dada la ofensiva violación de la ley por parte de aquellos, la menor protesta. Por allá, unos cuantos se atreven a denunciar sin eco alguno, a los violadores quienes, en vez de corregir de inmediato, se ríen por la ingenuidad mostrada por parte de los que protestaron.

¿Qué nos están diciendo López y los suyos con esa visión y conducta exhibida frente a esta o aquella ley? ¿Acaso el mensaje es, que para ellos, la ley no se aplica y lo que pretenden con su gobernación, es redactar un nuevo andamiaje jurídico que avale sus modos dictatoriales? ¿Le parece descabellado? ¿Por qué no lo piensa?