País dividido

Bitácora del director

PASCAL BELTRÁN DEL RÍO

País dividido

Estados Unidos emergió de las elecciones intermedias del martes como una nación más polarizada de lo que ya era.

El Partido Demócrata se hizo de la mayoría en la Cámara de Representantes arrebatando cuando menos 26 curules al Partido Republicano (a la hora de escribir estas líneas no se conocían aún los resultados en 14 de 435 distritos), pero éste retuvo el control del Senado e incluso amplió su presencia allí.

¿Cómo sucedió eso? La explicación más sencilla es que la Cámara baja se compone de forma proporcional respecto de la población del país, mientras que la colegisladora tiene dos representantes por cada estado, independientemente del número de habitantes que éste tenga.

Pero, además, los electores de la mayor parte de los distritos y estados se volcaron de forma más radical hacia uno u otro partido, en una elección que convocó a un porcentaje de votantes que no se veía en 70 años.

En los comicios del martes participaron 113 millones de electores, contra 83.3 millones que fueron a las urnas en las intermedias de hace cuatro años y 96.5 millones en las de hace ocho.

Estados Unidos ha vuelto a tener un gobierno dividido –Donald Trump ya tendrá oposición– y si bien eso ha ocurrido con frecuencia en la historia del país, en el actual clima de confrontación política no se puede decir que augure una relación más civilizada de las partes.

Los demócratas –que sacaron fuerzas de la población más diversa de las ciudades– y los republicanos –que se atrincheraron en las áreas rurales mayoritariamente blancas– no lucen dispuestos a una mayor colaboración, sino al contrario. Las primeras declaraciones de las partes hacían vaticinar una profundización de la confrontación.

Ante las advertencias de los demócratas, en el sentido que podrían usar su nueva mayoría en la Cámara de Representantes para investigar a Trump y acelerar las pesquisas de las cuales ya es objeto, el Presidente estadunidense reviró diciendo que en ese caso haría lo mismo respecto de sus rivales, echando mano de la mayoría republicana en el Senado e incluso del Departamento de Justicia (del que, por cierto, ayer corrió al procurador Jeff Sessions).

Estados Unidos también mostró ayer una división política de géneros. Mientras seis de cada diez mujeres votaron por los candidatos demócratas al Congreso, los hombres se repartieron a la mitad entre los dos partidos.

Incluso en el tema de la consulta sobre la mariguana, se reflejó la polarización del electorado. Hubo en total 158 proposiciones sometidas a la opinión de los votantes en las elecciones del martes. Cuatro de ellas tenían que ver con la mariguana y dos, con el uso recreativo de dicha droga. En Michigan, que tiene en la ciudad de Detroit una parte sustancial de sus votantes, el electorado votó a favor, mientras que en Dakota del Norte, un estado predominantemente rural y blanco y con fuerte presencia de la religión en la vida pública, la propuesta fue derrotada.

Pero el factor de mayor división fue Donald Trump, quien se convirtió en la primordial por la que tres de cada cuatro electores depositaron su voto de la forma en la que lo hicieron. Ochenta y ocho por ciento de quienes apoyan al Presidente estadunidense votaron a favor de los candidatos republicanos a la Cámara de Representantes, mientras que nueve de cada diez electores que rechazan a Trump sufragaron por los demócratas.

Hay quienes interpretan los resultados como una derrota de Trump. Dicha conclusión podría ser precipitada si se toma en cuenta que la mayor parte de los candidatos republicanos a los que el inquilino de la Casa Blanca decidió apoyar en sus campañas ganaron las elecciones.

Las encuestas de salida, incluso, indican que muchos de los estados en los que ganaron cómodamente los republicanos, Trump emergió con niveles de popularidad que rebasan el 50% y en algunos casos se acercan al 60 por ciento.

Esto abre la puerta a una mayor toxicidad del ambiente en la vida política estadunidense, que bien puede bajar al primer piso de la ciudadanía.

Respecto de la elección presidencial de 2020, es difícil predecir qué podrá pasar a partir de los resultados del martes. Pese a los avances que tuvieron los republicanos apoyados por Trump, tres de los estados que fueron claves para que el empresario ganara la Presidencia hace dos años –Michigan, Pensilvania y Wisconsin– se fueron electoralmente al bando demócrata.

Sin embargo, la oposición salió de estos comicios con avances que reflejan una buena estrategia para ganar distritos específicos –nominando a candidatos surgidos de minorías–, pero sin una estrategia general para enfrentar a Trump ni mucho menos, un claro aspirante para medirse con él en dos años.

Mientras Estados Unidos siga siendo potencia mundial –económica y militar–, la política de ese país afectará no sólo a los estadunidenses, sino también a los habitantes de todo el mundo.

No se diga a los mexicanos, más aún en los tiempos de cambio que vivimos y cuando México se está convirtiendo en territorio de tránsito de miles de migrantes.