¿En verdad alcanzará para todo?

OPINIÓN DEL EXPERTO NACIONAL

¿En verdad alcanzará para todo?

Por Ángel Verdugo

Una de las estrategias más populares entre los políticos —sean gobernantes, funcionarios o legisladores— es prometer todo, sin tomar en cuenta las constricciones que la realidad impone en cuanto a la disponibilidad de recursos se refiere. Se comportan casi como el típico merolico que anuncia su mercancía gritando: Sin atropellarse, para todos hay.

Sin embargo, la realidad es otra muy diferente; el viejo lugar común, presente y válido, dice que, en toda economía, los recursos siempre son escasos y las necesidades abundantes. Esta sentencia, clara y fácil de entender —aun para los más limitados e ignorantes en materia económica—, tiene validez universal.

Luego entonces, todo gobierno y su gobernante que se respeten, y el segundo esté dispuesto a llevar a cabo una gobernación con la debida responsabilidad y sensatez, debe partir de lo que aquella frase dicta. Por más vueltas que le den al erario y a las proyecciones elaboradas, las cuales, por desgracia para ellos y su gobernación, las más de las veces resultan buenos deseos cuando no simples ilusiones que, finalmente, se traducen, a querer aceptar o no, cuando menos en el desengaño de sus seguidores.

Si las cosas terminaren en eso, únicamente en el descrédito del irresponsable candidato prometedor —después gobernante boquiflojo— y en el desengaño de los ilusos que le entregaron su voto sin pasar a mayores, en una democracia se tiene la corrección en la siguiente elección. Los electores, desencantados porque lo prometido quedó en eso, en promesas incumplibles, votan por los candidatos de otro partido, quienes, casi siempre, prometen actuar diferente del anterior prometedor.

Los problemas, pues, son manejables cuando el candidato prometedor —ya en su calidad de gobernante— actúa con la obligada sensatez y busca, dentro de las constricciones normales en toda economía, utilizar de manera óptima los recursos que, como dije, siempre son escasos.

Por el contrario, si el candidato prometedor —ya como gobernante— no reconoce y menos acepta las constricciones que la realidad le impone, utiliza recursos que lo que producen es un falso alivio y una efímera prosperidad porque, más pronto que tarde, la realidad cobra y, como es regla, los que más sufren las consecuencias son los ilusos que le entregaron su voto al que todo prometió a todos.

La globalidad y la proliferación casi universal de las economías abiertas premian de diversas maneras a quienes parten de la escasez de recursos y su óptima utilización frente a las necesidades siempre crecientes en toda sociedad. Los gobernantes que así proceden, lejos de buscar darle vuelta a la realidad, la enfrentan y le hablan a los gobernados de la imposibilidad de cumplir lo prometido; les dicen para qué alcanza y por qué hay que trabajar dentro de esas limitaciones.

Por encima de las nuevas reglas de juego en el mundo actual, siempre hay gobernantes que, como consecuencia de su delirio de grandeza, lejos de aceptar la realidad buscan darle vuelta y recurren, las más de las veces, al endeudamiento. Para ellos no hay otra salida; la pérdida de imagen ante el pueblo sabio que le dio votos a carretadas es inadmisible. Todo antes que reconocer su equívoco o aceptar que prometió lo imposible de cumplir con el único fin perverso de obtener sus votos. A gobernantes que se ven como infalibles, los rodean siempre personajes menores que los distingue su servilismo y abyección. Ellos, pues, en vez de dar argumentos para volver al camino de la sensatez al gobernante, estimulan su megalomanía, lo que termina por acelerar la descomposición política y el estallido de una crisis económica.

Hoy, ¿cómo estamos en México a pocos días del cambio de gobierno? Para facilitarle la respuesta, le pido vea, por favor, el video cuya liga le doy enseguida: https://www.youtube.com/watch?v=sfWzKGI7SQc y saque sus propias conclusiones.