Fleur Hassan-Nahoum, la británica que aspira al trono de Tierra Santa

Esta mujer, de 45 años, podría convertirse en la primera alcaldesa en la historia de Jerusalén. Defiende la inclusión de las mujeres en la vida pública y critica la escasa labor que Israel ha hecho para mejorar su imagen en el exterior

CIUDAD DE MÉXICO.

La escena política de Israel vibra, y mucho desde que Fleur Hassan-Nahoum llegó pisando fuerte al escenario. Esta londinense, de 45 años, es concejala en el Ayuntamiento de Jerusalén, fue vicealcaldesa y en un futuro no tan lejano podría convertirse en la primera mujer al mando de Tierra Santa.

Y es que la política la lleva en la sangre, pues su padre fue el histórico premier de Gibraltar, Sir Joshua Hassan (1915-1997), de origen judío sefardí, quien ejerció el cargo durante más de 20 años e inspiró a sus dos hijas a luchar a capa y espada por los derechos civiles.

“Mi padre era feminista, nunca me crié pensando en que ser mujer es una desventaja, al contrario, más bien siento que es positivo porque siempre te subestiman y no te ven devenir”, dijo a Excélsior digital esta británica con un acento andaluz muy marcado, el cual ganó tras haber crecido en Gibraltar. Él (su progenitor) también me enseñó a buscar lo que nos une y no lo que nos divide, y es lo que hago en las comunidades ultraortodoxas y árabes de Jerusalén”, señaló esta mujer, quien en 2001 hizo la aliyah (migración judía a Israel).

En la capital israelí, el 38 por ciento de la población es árabe y según Hassan-Nahoum, la participación de la mujer árabe en el ámbito laboral es más baja que en Arabia Saudita. Por ello, su partido (Yerushalmim) creó una plataforma para que éstas salgan a trabajar, al igual que las ultraortodoxas, quienes tienen prohibido ejercer la política en el país. De hecho, la también abogada metió a una de estas últimas en su partido para que algún día llegue a ser la primera política ultraortodoxa de Israel. “Precisamente, en estas poblaciones tan tradicionales la mujer es la que puede traer la evolución en muchos sentidos”, destacó la política, quien es tildada de “feminista ortodoxa” por algunos medios israelíes.

“UN ACIERTO”

En cuanto a si la decisión del presidente estadunidense, Donald Trump, de trasladar la embajada de
Tel Aviv a Jerusalén no supone una piedra en el camino, en una ciudad donde la tercera parte son árabes que no respaldan la relocalización, Hassan- Nahoum manifestó que, aunque no comulga con algunas políticas del republicano, en este caso “dio en el clavo”.

“Nosotros somos un país soberano y tenemos derecho a decidir cuál es nuestra capital. En cualquier acuerdo futuro que tengamos con los palestinos Jerusalén va a ser siempre la capital del Estado judío y eso no impide la paz. El problema aquí es que no tenemos un socio para la paz, pues los palestinos, en vez de sentarse a hablar con Israel, lo prefieren hacer con Naciones Unidas o la Unión Europea”, destacó la concejala, quien cree en la solución de dos estados (israelí y palestino) para alcanzar la paz.

“Deseo que haya paz, claro, pero no como lo que sucedió en Gaza hace 13 años, que nos retiramos y ¿qué recibimos? Misiles”, precisó Hassan-Nahoum, en referencia a Hamas, acrónimo del Movimiento de Resistencia Islámica, que desde 2007 gobierna la Franja de Gaza y abandera la destrucción del Estado de Israel (creado en 1948) para establecer uno palestino con Jerusalén Oriental como capital, basado en el mapa de 1967, poco antes del estallido de la Guerra de los Seis Días en ese mismo año.

En ese conflicto relámpago (del 5 al 10 de junio de 1967) Israel enfrentó y derrotó a sus vecinos de Jordania, Egipto y Siria, extendiendo su territorio, arrebatándole a Egipto la península del Sinaí y la Franja de Gaza; los Altos del Golán a Siria; y Jerusalén Este y Cisjordania a Jordania.

Después aconteció el Yom Kipur (del 6 al 24 de octubre de 1973), donde las fuerzas egipcias y sirias atacaron a Israel por sorpresa, en el día más sagrado para los judíos, para recuperar los territorios ocupados, en lo que fue la última gran guerra entre el país hebreo y sus vecinos árabes.

La paz con Egipto (1979) y Jordania (1994) fue posible, pero nunca con Palestina tras los acuerdos fallidos de Oslo (1993) ni tampoco con Siria.

“DAVID Y GOLIAT”

Otro de los problemas que enfrenta Israel es la mala percepción que tiene a nivel internacional, pues generalmente al país hebreo se le otorga el rol de “villano” y a Palestina el de “bueno”. Al respecto, Hassan-Naoum opinó que Israel ha fallado por no hacer una buena diplomacia y explicar las raíces del conflicto con Palestina.

“La prensa siempre va por el más débil (en términos de percepción) y nosotros normalmente estamos muy ocupados en dar recursos al ejército, pero nos olvidamos que también debemos combatir una guerra en el ámbito de la opinión pública, pues nos quieren hacer ver como Goliat y a los palestinos como David, pero ¡tú mira un mapa y dime quién es quién!, manifestó mientras mostraba un mapa señalando a los países vecinos del país hebreo, en alusión a la Guerra de los Seis Días y al Yom Kipur.

“Si estos países hubieran ganado esas guerras que empezaron contra nosotros hubiera habido otro genocidio judío. Ganamos, formamos un país, luchamos con una mano y construimos con otra una de las economías más fuertes del mundo y la compartimos, pues de Israel, por ejemplo, han salido cosas de innovación increíbles que han adoptado muchas otras naciones”, destacó.

“Pero es más fácil aceptar la retórica palestina porque, lamentablemente, hay una parte del mundo que todavía tiene raíces antisemitas y no es que sea una paranoica y piense que todos están en nuestra contra, pero por ejemplo, en Reino Unido, Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista, llama amigos a Hezbollah (del Líbano) y a Hamas, que quieren matar a todos los judíos del mundo”, precisó esta mujer, que estudió Derecho en el King’s College de Londres y fue directora de campaña en la organización World Jewish Relief.

Hassan-Naoum además subrayó que “el mundo ignora el antisemitismo que sale de los países árabes como el de los nazis antes de la guerra” y no entiende cómo en Naciones Unidas hay más resoluciones en contra Israel que en contra Siria, con millones de muertos y desplazados por la guerra.

“Somos parte responsable de esta mala imagen porque no hemos hecho lo suficiente para remediarlo, pero no se puede ignorar el sesgo contra Israel, pues parece que sólo hay un único país en el mundo que causa todos los problemas”, sentenció la líder política, quien tampoco descarta conquistar la silla de embajadora de Israel ante Naciones Unidas.