Número cero: PAN, horas decisivas

POR JOSÉ BUENDÍA HEGEWISCH

El PAN vive horas decisivas para su futuro, pero sin las convicciones morales y políticas que en el pasado lo hicieron tenaz oposición democrática. Hoy está atrapado en la disputa de poder interno detrás de su derrota en las urnas. De cara a su próximo Consejo Nacional, esperan que se abra paso la responsabilidad sobre su papel ante la hegemonía de Morena. La confrontación, sin embargo, agita el fantasma de la fragmentación, como sufriera, por ejemplo, la democracia cristiana venezolana a partir del derrumbe del antiguo sistema de partidos que dominaron por 40 años.

En efecto, los panistas van hacia la renovación de su dirigencia tras el mayor revés electoral desde 1994 para un candidato presidencial y del partido que más años ha gobernado el país en lo que va del siglo XXI, con dos mandatos, Fox y Calderón. La división vuelve a asechar al PAN ahora que tiene que definir plazos y términos para elegir a su nuevo dirigente, como le ocurrió antes al decidir la candidatura presidencial. El juego de la polarización y los ejercicios de suma cero parecen repetirse en la disputa interna, a pesar de su larga militancia democrática en la oposición desde 1943, cuando se fundó.

Más de un mes después de los comicios, su dirigencia no ha ofrecido un balance del resultado electoral para asimilar el fracaso y, sobre todo, fijar rumbo frente al mensaje de las urnas y el nuevo equilibrio de fuerzas que dejó cómodas mayorías en el Congreso federal y 20 estados para la fuerza emergente de Morena.  Prácticamente desaparecido del escenario político desde el 1 de julio, será Ricardo Anaya, su excandidato presidencial, quien haga una valoración de la elección en el Consejo Nacional el próximo fin de semana.

Pero ni las advertencias sobre el riesgo de desaparecer —por ejemplo, de su expresidente Luis Felipe Bravo Mena— dan muestras de abonar en el consenso interno de grupos más interesados en mantenerse cerca de las prerrogativas que de la “reconstrucción” del partido y la definición “estratégica” de la oposición de derecha como contrapeso del gobierno de López Obrador y freno político a la concentración de cargos de elección de Morena.

El futuro pasa por la decisión de Anaya de ceder y dejar el partido, y ha adelantado que no buscará la presidencia. Pero su control de la estructura y la tentativa de dejar sucesor, sin embargo, es un elemento que polariza y podría derivar en otra escisión de “notables” panistas después de sufrir una mayor con la salida de Margarita Zavala en la pelea por la candidatura presidencial.

No obstante, la falta de liderazgos fuertes, quizá a excepción de algunos exgobernadores como el poblano Moreno Valle o el guanajuatense Carlos Medina, la renovación de su cúpula puede abrir espacio a una transición pactada que redefina el tipo de oposición y el perfil de la dirigencia que necesita frente al nuevo gobierno. Pero, sobre todo, que dé lugar a un gobierno interino que organice el cambio de la dirección sobre una base de garantías mutuas entre el grupo de gobernadores que firmaron la carta de colaboración con el próximo gobierno, los “notables” panistas e incluso los calderonistas.

Las expectativas, sin embargo, son moderadas y dependen de que logren evitar la confiscación del partido por algún grupo y reconocer el potencial de cambio que salió de las urnas con un fuerte voto contra la clase política tradicional, que los panistas no pueden rehuir tras dos gobiernos desde que encabezaron la alternancia en la Presidencia en el 2000. Sin ello, el PAN seguirá desdibujado y ausente de la escena política, como su silla vacía en la declaración de presidente electo esta semana.

Desde la nacionalización de la banca en 1982, el PAN decidió que el futuro era apostar a la democracia y a la interlocución con el gobierno para construir un sistema de pesos y contrapesos, comenzando por el respeto al voto. Ahora que las urnas dejan frenos exiguos en la oposición política, la vieja oposición liberal está llamada a una profunda autocrítica y definir su estrategia como oposición antes de correr la suerte de su similar, COPEI, de Venezuela.