Tal cual: ¿Con esa visión del comercio exterior van a gobernar?

ÁNGEL VERDUGO

Una característica evidente del atraso intelectual de los gobernantes populistas, muchos de los cuales han hecho su irrupción en la escena del poder político en los últimos años es, sin duda, su visión mercantilista del comercio entre países: Venderles más y comprarles menos.

Hoy mantienen la baratija echada al basurero de la historia por los trabajos de, entre otros, Adam Smith, allá por los primeros años del siglo XIX; afirman, con la seguridad que sólo da la ignorancia, que la fortaleza de una economía está basada, simple y sencillamente, en obtener a la brevedad —con herramientas y políticas públicas proteccionistas, tal y como los gobernantes hacían durante los siglos XVI, XVII y buena parte del siglo XVIII—, una Balanza Comercial superavitaria.

Su comprensión del papel en toda economía de un comercio exterior basado en las ventajas comparativas, no en cerrar fronteras y castigar con altos aranceles las importaciones, es nula. Los daños que causa hoy el mercantilismo son inimaginables; el peor de ellos, la mentalidad proteccionista —ésa que aísla y rechaza lo ajeno—, que arraiga en una buena parte de la sociedad.

En los tiempos actuales, es de risa loca escuchar las sesudas explicaciones de políticos y gobernantes que equiparan la fortaleza de sus respectivos países con la obtención de un superávit en su Balanza Comercial.

Las medidas que toman para caminar en esa dirección y concretar ese objetivo a la brevedad, hacen aplaudir a la masa ignorante que vive viéndose el ombligo y rechaza lo ajeno. Asimismo, elemento no menor en la decisión del gobernante, otros que aplauden a rabiar son aquéllos cuyas empresas poseen niveles bajísimos de productividad y atraso tecnológico de su producción.

Aplauden porque saben que los elevados márgenes no se sostendrían —de no ser por las medidas proteccionistas de todo tipo que toma el  gobernante—; son aquéllas una bendición porque les permite seguir vendiendo productos de mala calidad, con tecnología atrasada y a un precio elevado.

No entender el avance teórico desarrollado por personajes de la talla intelectual de Adam Smith David Ricardo, los mantiene en el peor de los atrasos, en el mercantilismo y las medidas proteccionistas; enarbolan la bandera de una visión echada al basurero de la historia hace siglos, además de querer hacer pasar el peor de los antepasados como el mejor de los futuros.

El mercantilismo daña a todos los países, al margen de su régimen de gobierno, y si abundan o no en ellos recursos naturales. La especialización en lo que un país es competitivo le permite, con la colocación de lo que produce mejor y más barato que otros, obtener los recursos para pagar lo que hacen mejor que él, y más barato.

Esto obliga a los agentes económicos privados a ser mejores en lo que saben hacer, con lo que compiten exitosamente en los mercados globales. Lo otro, el mercantilismo —con medidas proteccionistas, las más de las veces estúpidas y dañinas—, perpetúa el atraso y la reducción de la productividad en no pocas actividades, lo que resulta, inevitablemente, en pérdida de competitividad.

¿Qué pensar de gobernantes y funcionarios que hoy, contra toda evidencia, abrazan el mercantilismo y lo venden como si fuere la pócima que cura todo mal? ¿Llamarlos ignorantes? ¿Por qué mejor no buscar que no apliquen su visión atrasada?

Aquí y ahora, LópezEbrard Márquez comparten esa visión aceda y dañina. Piense, entonces, en lo que nos espera.