Nudo gordiano: ¿Bartlett?

POR YURIDIA SIERRA

Han pasado cuatro días y los nombramientos no son digeridos. Más allá de la inversión anunciada, los personajes que operarán uno de los proyectos más ambiciosos de la nueva administración, fueron recibidos con desencanto y hasta con enojo.

También con mucho desconcierto. Razones, ésas sobran. “Había mejores opciones que Bartlett…”, afirmó ayer Tatiana Clouthier (la de mejores reflejos políticos en todo el equipo de transición) al terminar un evento en Nuevo León. En redes sociales, las preguntas, críticas y reclamos al virtual presidente electo no han parado.

El pasado del próximo titular de la Comisión Federal de Electricidad aparece siempre que se pronuncia su nombre, así ha sucedido los últimos treinta años. Manuel Bartlett es un personaje desprestigiado, pero tal vez en su resistencia es que AMLO le ve cualidades para formar parte del crew de funcionarios que intentarán volver realidad una de sus más cantadas promesas: darle un nuevo aire al sector energético. Si es que eso es lo que pretende.

“El licenciado Bartlett, desde hace 15 años, ha estado defendiendo la industria eléctrica nacional, por eso decidí proponerlo para ser director de la Comisión Federal de Electricidad (…) Es natural que existan las críticas, porque durante muchos años se llevó a cabo una política donde no contaba el pueblo, eran nada más los políticos y los llamados hombres de negocios los que dominaban México. Ahora el gobierno va a representar a todos, a ricos y a pobres…”, dijo ayer López Obrador al defender su decisión. La soberbia pedante de un candidato puntero en encuestas, se transformó en la soberbia sutil de un ganador con más del 50% de votos. Pero soberbia al fin y al cabo.

Sin embargo, ni su soberbia responde a la pregunta que, cuatro días después, no ha encontrado respuesta: ¿qué saben Manuel Bartlett y Octavio Romero del sector energético? El nombramiento de Rocío Nahle tiene sustento. Es experta en temas petroquímicos, forma parte del Parlamento Latinoamericano de la Comisión de Energía, durante su trabajo legislativo se ha involucrado en asuntos que tienen que ver con este rubro.

Y aunque desde que se presentó la iniciativa de Reforma Energética a inicios de este sexenio, siempre fue opositora, no hay reclamo ni duda sobre su próxima llegada a la Secretaría de Energía: puede ser opositora a las reformas en el sector, pero nadie le objetaría su conocimiento del sector. La polémica está, insistimos, en Bartlett y Romero, uno en la CFE y el otro en Pemex.

Con la llegada de estos personajes se retoma la idea de que López Obrador, más que revivir al sector energético, lo que quiere es echar atrás una reforma que, aunque llegó tarde, fue bien recibida por la comunidad de inversionistas internacionales. En 2017, seis mil millones de dólares llegaron del capital privado (y hay inversiones ya comprometidas por 200 mil millones).

“Una inyección de capital en Pemex ayudará a la compañía a equilibrar su presupuesto, retener el talento, competir con otras compañías petroleras internacionales para desarrollar bloques y aumentar la inversión en bloques que actualmente posee…”, dijeron a bote pronto en Startford tras el anuncio de los planes para los próximos años.

Pero, Moody’s no fue tan optimista al respecto: “No necesariamente se necesita una refinería y no se tiene el dinero para invertir en ella (…) con base en la experiencia internacional, la modernización de una refinería resulta más barato y rápido que construir una nueva”.

¿Qué es lo que en realidad quiere Andrés Manuel López Obrador? Hay quienes aseguran que los nombramientos hablan por sí solos: que el futuro presidente sí echará abajo la Reforma Energética. Hay quienes creen que solamente le está “midiendo el agua a los camotes”. Pero yo preguntaría algo todavía más: ya que hablamos de electricidad, ¿cuál sería el sentido de poner un fusible quemado desde hace treinta años en la caja de fusibles?