Tal cual: ¿Puede la incapacidad en la gobernación ser eterna?

POR ÁNGEL VERDUGO

La respuesta fácil e inmediata a la pregunta del título podría ser un no rotundo. ¿Quién en su sano juicio podría pensar que las cosas fueren de otra manera? El sentido común —el menos común de los sentidos— nos dice que, una vez que está demostrada la incapacidad en la gobernación de éste o aquel gobernante, tanto las fuerzas políticas organizadas como grupos sociales diversos buscarían —en la mayor parte por medios legales—, echar al responsable de una gobernación incapaz y, con la llegada de uno nuevo, corregir la anomalía.

Sin embargo, la realidad parece ir en la dirección contraria; no únicamente vemos —una y otra vez— la entronización de la incapacidad en la gobernación en países muy disímbolos en historia y cultura política sino lo peor, la población ve y padece el desastre causado y el responsable de ello, no únicamente sigue con su desatino, sino que es reelegido una y otra vez.

En los países donde la democracia es mercancía ausente en el mercado de la política, un dictador puede perpetuarse en el poder por encima de la realidad de un desastre evidente mientras La Parca no decida hacer el milagro de llevarse al causante del desastre de ese pueblo aguantador.

Los nombres abundan; para dar una ligera idea de lo que en párrafos anteriores señalo, van algunos: StalinKruschev Brézhnev; los hermanos Castro y la pareja destructora de los KirchnerHugo Chávez MaduroDaniel Ortega y su esposa y para no hacer menos a los tiranos africanos, ¿qué les parecería incluir a Gadhafi y Mugabe?

La lista podría ser interminable si incluyéremos algunos de Asia como Mao-Tsetung y Marcos, de Filipinas, por dar dos ejemplos de que por esas latitudes, también, no interpretan mal las vernáculas (No cantan mal las rancheras).

La tolerancia de los gobernados ante la tragedia obedece a factores diversos, todos muy complejos. En algunos casos la explicación radica en los métodos dictatoriales del gobierno y en otros, no pocos, a la apatía y pasividad ciudadana cuando no a la costumbre —profundamente arraigada— de vivir de las dádivas y subsidios mientras la realidad lo permite.

Con los procesos de apertura y la incorporación de casi todos los países a la globalidad, lo que ayer era oscuro y podía permanecer oculto durante años o decenios, hoy es prácticamente imposible lograr esto. Los avances tecnológicos en materia de comunicación son, sin duda, el mejor instrumento que se tiene en los tiempos que corren para exhibir las atrocidades —tanto políticas y criminales como económicas—, de quienes hacen gala, permanentemente, de su incapacidad en la gobernación.

Por encima de la facilidad para informar y exhibir a los incapaces y sus destrozos en éste o aquel país, es imposible detener su llegada al gobierno. El papel que juega la cooptación que se aviene bien con la apatía ciudadana, son determinantes para el encumbramiento de lo peor de la clase política; no hay país que se encuentre a salvo de este flagelo, de este quinto Jinete del Apocalipsis: La ignorancia y la incapacidad en la gobernación.

¿A qué viene lo anterior? ¿Acaso tiene relación con lo que se avecina en México? Es más, ¿debemos esperar al 1 de diciembre de este año, para ver lo que hace la incapacidad en la gobernación? No, en modo alguno; estamos en una situación donde, es tal la desesperación por echar a perder, que desde meses antes de la toma de posesión, a algunos ya les anda por exhibir su incapacidad y empezar a dañar al país.

¡Pobre México!