Arsenal: El tranquilizador cambio de líder social a Presidente electo

POR FRANCISCO GARFIAS

Comentaba ayer con Daniel Kerner, director del área América Latina de Eurasia Group, líder en consultoría en riesgos políticos, la serenidad que ha transmitido Andrés Manuel López Obrador desde su aplastante victoria en las elecciones del pasado primero de julio. Le confesé el temor que tenía de que el tabasqueño mantuviera el comportamiento de aguerrido líder social que lo ha caracterizado toda la vida, aun después de su victoria en la elección presidencial.

Pero, hasta ahora, cuando apenas comenzamos el camino hacia la transición a la izquierda, AMLO parece tener muy claro su papel de virtual Presidente electo de México, sin dar la espalda a su lema de vida: “Por el bien de todos, primero los pobres”.

Kerner y este reportero coincidimos en que el comportamiento descrito, derivado de la amplísima ventaja que le sacó a sus contendientes, ha contribuido a la tranquilidad de los mercados, la inversión y la apreciación del peso.

Pero también ha propiciado la positiva actitud de los empresarios, algunos de los cuales calificó en campaña de “minoría rapaz”, aun después de la primera alternancia a la izquerda que tiene México. En síntesis, Andrés Manuel ha jalado simpatías donde nunca las había tenido.

Es cierto que creó expectativas muy altas. Prometió casi el paraíso, como diría Luis Spota, pero sin precisar con claridad de dónde van a salir los recursos. Sólo dice que del combate a la corrupción, cuyo monto no es calculable, y de la reducción de los gastos suntuarios.
¿Qué promete? Un crecimiento promedio del 4 por ciento, duplicar la pensión a los viejitos, luz barata, gasolina sin aumentos en precios reales, crear una pensión para los discapacitados, asalariar a millones de ninis, becar a 300 mil universitarios, bajar a ocho por ciento el IVA; duplicar el salario mínimo en la frontera. Sin aumentar la deuda, ni subir impuestos, lo que hace fruncir el ceño a Kerner.

La esperanza y el buen ambiente que prevelece en México, tras el triunfo de Andrés, no es compartido por todos.

A algunos les disgusta, incluso, la actitud de los empresarios con AMLO. He escuchado aberraciones tipo “ya se sumaron a la cargada”, “buscan mantener sus privilegios”, “lo van a sitiar…”. Esas voces me hicieron recordar el dicho que alguna vez escuché en boca del presidente Peña: “No hay chile que les embone…”.

Kerner está en México para promover el libro Aplauso perdido (Turner Publicaciones) que escribió junto con Carlos Petersen. Se trata de una obra documentada y objetiva sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Lo mismo critica la incompetencia que caracterizó su sexenio en materia de inseguridad y combate a la corrupción, que reconoce sus habilidades para realizar las reformas estructurales.

“Ya sé que no aplauden” son las palabras que utilizó Peña Nieto ante periodistas a los que presentaba medidas para mejorar la transparencia de su administración. Es también la frase que inspiró el título con el cual inicia el análisis del sexenio que termina.

Nicolás González Perrin no sólo es el ministro agregado de la Policía Federal para EU y Canadá, sino que es el responsable de la captura de El Chapo Guzmán en enero del 2016. Es también el hombre al que el otrora jefe del llamado Cártel de Sinaloa le ofreció 10 mil dólares y otorgarle acciones en conocidas empresas transnacionales asentadas en México, con tal de que lo dejara ir.
El Chapo pensó que lo tenía en su nómina. Eso le habían dicho, Pero no. González Perrin nunca recibió un centavo del narco y entregó a El Chapo a La Marina. El singular policía presentó ayer, en el Piso 51 de la Torre Mayor, su libro Para hacer posible lo imposible. Una mirada a la seguridad pública en México. Dice hacer posible lo imposible, se puede hacer realidad de la siguiente manera:

El uso de sistemas de información e inteligencia; salarios dignos a los policías y la efectiva, no simulada, coordinación institucional en todos los niveles. (Estados, dependencias, Poderes de la Unión, fuerzas policiales…).

Remata: “Nunca vamos a poder sacar al Ejército de la lucha contra el crimen organizado, si no fortalecemos las policías municipales”.

En agosto del año que entra termina el periodo para el cual fue electo Manlio Fabio Beltrones como presidente nacional del PRI (2015-2019). El sonorense, como sabemos, se hizo a un lado tras los pésimos resultados en las elecciones de gobernador del 2016. Perdió siete de doce estados.
En junio de ese año renunció al tricolor y se dedicó de lleno a promover su iniciativa de gobierno de coalición, que hoy está congelada por la contundencia del triunfo de AMLO. De no haberse atravesado ese Waterloo en las elecciones del 2016, Manlio habría concluido su cargo en agosto del 2019.

Faltan aún 13 meses para elegir a la nueva dirigencia del PRI. No son pocos los que quieren que René Juárez permanezca en el cargo hasta que se cumpla el periodo de Manlio. Apenas ayer, Carlos Aceves del Olmo, líder de la CTM, dijo que el actual presidente sigue hasta 2019.

Ya que estamos, les podemos adelantar que José Encarnación Alfaro, coordinador de la Campaña de Mikel Arreola para la Jefatura de Gobierno de la CDMX, se autodestapó para la presidencia local del PRI. Se lo dijo a René Juárez y hoy va a hablar con el controvertido Cuauhtémoc Gutiérrez, quien sigue teniendo peso en el PRI capitalino.
Y es que el grupo del llamado Príncipe de la Basura ya cobró su cuota de las migajas que le quedan al PRI e la ciudad. De los cinco diputados que tendrá en el primer Congreso de la Ciudad de México, tres son del grupo de Gutiérrez, entre ellos, Tonatiuh González y su novia Sandra Vaca.