Nudo gordiano: México y Corea del Sur

POR YURIDIA SIERRA

Si todo sale como deseamos, hoy al mediodía se juntarán dos fiestas en el Ángel de la Independencia: La algarabía de la Marcha LGBTTTI y la alegría por el triunfo de México ante Corea del Sur. Interesante y bella postal de unión y tolerancia. Pero sin conocer cuál será el resultado del partido, recordemos que ambos países tienen un pasado que los une más allá de la cancha, sin embargo, algo sucedió y nuestro país se quedó rezagado, aunque le ganamos en algunas cosas que no precisamente nos enorgullecen, como la corrupción. En esa materia, México gana de calle a los surcoreanos. En el Índice de Percepción de Corrupción de 2017, quedamos en el lugar 29, subimos un lugar respecto a la lista del año anterior, mientras que Corea del Sur se ubicó en el 135 de un total de 180 países. También les ganamos en recursos naturales, pero, tristemente, a diferencia de ellos, no contamos con la tecnología para explotarlos. Ahí una de las brechas que hoy nos hacen países distintos.

Y es que en los últimos 50 años, Corea del Sur decidió apostarle a una sola cosa que, a su vez, trajo beneficios en cadena: Educación. Los resultados: Según la Prueba Pisa de 2016, los surcoreanos ocupan el lugar 11 en conocimiento de ciencia, los mexicanos estamos en el 58 de 70 países; en comprensión de lectura, ellos en el 7, nosotros en el 55; en matemáticas, 7 contra 56. Cincuenta años después, ya no compartimos condiciones ni económicas ni políticas. El rezago de los surcoreanos estaba marcado por su mala relación con su vecino, Corea del Norte, pero ambos países han comenzado a relacionarse, mientras que nosotros atravesamos una crisis fronteriza con Estados Unidos.

Las diferencias de lo alcanzado por el país asiático en las últimas cinco décadas con respecto a lo que hemos logrado aquí, como dije renglones arriba, se  deben a su inversión educativa. Porque ciudadanos preparados exigen mejores salarios y éstos no pueden ofrecerse sin inversiones de otra índole, como la tecnología o la ciencia. Mientras que en México, el salario mínimo llega casi a los 90 pesos por una jornada laboral de ocho horas, en Corea del Sur, por una jornada similar, un trabajador recibe mil 93 pesos. La diferencia es abismal. Aquí nos quedamos como un paraíso de mano de obra barata, dicen especialistas. Y esto es gracias a los avances tecnológicos que los surcoreanos lograron y que incluso les han permitido ser sedes de dos de las principales marcas tecnológicas en el mundo: Samsung y LG.

Pensar que la extensión territorial es un tesoro inigualable es un error. México es un país más extenso que Corea del Sur, y mucho más rico en recursos naturales. Pero los gobiernos no se han preocupado por el desarrollo humano para que la educación y las herramientas para explorar y maximizar el potencial de las personas esté al alcance de todos. Por ello poco ha servido la riqueza en recursos que nuestro país alberga, porque no tenemos manera de siquiera explorarlas para así conocer su alcance. Porque estamos atorados en el pasado: Porque creemos que las fórmulas de hace medio siglo pueden seguir vigentes, porque no entendemos bien a bien el presente, y por lo tanto, mucho menos el futuro. No nos hemos preocupado por generar conocimiento y porque, muy por el contrario, parecería que le tememos.

Desde luego que esta estampa no significa que no haya remedio. Esto debe ser ejemplo para mirar lo que hizo un país que alguna vez compartió condiciones con nosotros. México puede, debe encontrar ese camino para que en 50 años o menos, hablemos de un país distinto. Uno mejor. Lo merecemos.

ADDENDUM. Y al respecto sobre en lo que vale la pena invertir: “Las instituciones exitosas son aquellas que a través del tiempo y el camino han sumado esfuerzos, buenas voluntades y talentos (…) La mayor inversión que puede hacer un pueblo que anhela un cambio generacional (…) es en educación de calidad para todos…”, lo escribe el general Juan Ernesto Antonio Bernal Reyes en su libro Orden Institucional y Seguridad Nacional (Anuies, 2018). Y es que el conocimiento es la clave para mejorar cualquier condición, incluso una generada por la violencia.