El efecto Tetris, o por qué los millennials sí podemos ser más ricos que nuestros padres

 

Un día, cuando estaba en la universidad, un amigo llegó a clase muy triste porque chocó el auto que le prestaba su papá para ir a la escuela. Pero eso no era lo peor. Además de regañarlo, su papá le recordó que a su edad, él ya tenía trabajo, casa, coche y familia, en contraste con su hijo quien lo único que tenía eran 10 pesos para tomar el camión desde el taller de hojalatería donde dejó el auto machacado.

Mi amigo estaba deprimido, mucho más por la desventajosa comparación con su padre que por el accidente.

Este tipo de comparaciones no es nueva. Incluso puede verse repetidamente en la sección de comentarios de algunos artículos en Internet. Que los millennials son flojos, que están consentidos, que los ninis lo que necesitan es ponerse a trabajar.

Pero la verdad es mucho más compleja, porque la generación de nuestros padres la tuvo más fácil, y no es mi opinión: es la realidad que revelan y confirman los datos económicos de los años sesenta, setenta y ochenta: la generación de los padres de los millennials fue mucho más afortunada que la nuestra.

Con todo y eso, muchos de ellos no aprovecharon su suerte y hoy en día sufren carencias. Cuando estudiaba idiomas, tenía una compañera de 65 años de edad que se lamentaba porque se le acabaron los buenos tiempos:

“De joven me iba muy bien con mi negocio de papelería y estrenaba automóvil cada año. Ahora tengo que salir a vender tortas para acabalar la quincena”.

Es muy común leer artículos como este señalando que los millennials seremos más pobres que nuestros padres.

Y aunque es cierto que esta generación de jóvenes enfrenta el desempleo, el aumento en el costo de la vivienda, estancamiento del ingreso, y menores prestaciones (en México, nos quitaron la pensión vitalicia del IMSS y nos dieron un cochinito para ahorrar llamado Afore), no es menos verdadero que con una buena educación y disciplina financieras, cualquier millennial actual puede al menos tener más dinero ahorrado a los 65 años que mi compañera de clase.

Por eso, nada me emociona más que conocer a una persona joven interesada en mejorar sus finanzas. No me lo tomen a mal: no es discriminación a las personas mayores. Lo que sucede es que la vida es como un juego de Tetris, y los jóvenes todavía pueden corregir los pocos errores que llevan en el juego. ¿Se acuerdan de cómo es el Tetris? Algo así: Para darte una idea, puedes jugarlo dando clic aquí.

Cuando empiezas, la pantalla está vacía, y después van cayendo grupos de cubitos con diferentes formas que hay que acomodar para que no queden líneas con espacios vacíos. Las líneas llenas de cuadritos van desapareciendo y dándote puntos, y las líneas con espacios vacíos se quedan ahí para joderte la vida y hacerte la pantalla cada vez más pequeña, hasta que te queda tan poco espacio de maniobra que la siguiente pieza ya no tiene adónde caer y pierdes el juego.

Si una persona de 65 años viene a pedirme consejos financieros, normalmente su pantalla está llena de cubitos, con casi ningún espacio de maniobra. Pudo haber tenido grandes oportunidades en su juventud, pero si no las aprovechó, es como si no las hubiera tenido. Claro está que se puede hacer algo y nunca es tarde para empezar, pero será imposible evitarle las consecuencias de tantos años de acomodar mal sus piezas de Tetris. Ya no le queda tiempo, sus errores se acumularon, y básicamente su enfoque debe estar en cómo sobrevivir, no en cómo obtener la vida despreocupada que busca.

¿Por qué? Porque tu riqueza (y satisfacción financiera) se define por el dinero que conservas, no el que gastas. Los millennials ya estamos teniendo vidas más sencillas y con menos lujos que nuestros padres, pero no es una ley que seremos más pobres que ellos, si gastamos menos de lo que ganamos e invertimos el excedente para el futuro. Además, viéndolo con optimismo, tener una vida menos cómoda puede convertirnos en personas más fuertes y resilientes.

Por desgracia, siendo realistas, la mayoría de los millennials sí serán más pobres que sus padres, pues por desgracia es una generación que está repitiendo muchos de los errores de los progenitores, y solamente el 13% de los jóvenes ahorra, y de ese porcentaje habría que analizar cuántos ahorran para metas a mediano plazo, como comprar un coche, y cuántos lo hacen para su retiro. Además de que ahorrar no sirve para el retiro si no inviertes, como expliqué aquí.

Cierto es que una parte de la generación de nuestros padres, la que tiene derecho a una pensión vitalicia por parte de instituciones públicas como el IMSS, podrá disfrutar de un retiro cómodo sin haber ahorrado un peso. Sin embargo, no te pongas verde de envidia; una persona que no tiene la habilidad de ahorrar, aunque reciba una pensión generosa, tendrá problemas de dinero siempre. Sé de personas mayores con dos pensiones cuantiosas que no tienen un peso en la bolsa y deben dinero. ¿Qué chiste tiene la seguridad financiera de una pensión si se vive con la sensación de escasez todo el tiempo?

Por cierto que el 30% de jubilados que existe en México hoy en día presenta un obstáculo más para la generación millennial, porque si tus padres tienen una pensión vitalicia y no los estás viendo sufrir porque deben trabajar más allá de los 65 años, podrías tener una infundada sensación de seguridad y no reconocer la importancia de ahorrar para tu retiro, creyendo subconscientemente que tu futuro será como el de tus padres, ¡y no lo será! En el caso del IMSS, si no te diste de alta antes del 1 de julio de 1997, no tendrás acceso a una pensión vitalicia, y si no ahorras, no te retirarás nunca (si es que todavía tienes la salud, las ganas y el acceso a trabajo cuando llegues a la vejez).

Así que, en resumen, los millennials enfrentamos el reto sicológico anterior, aunado a muchos retos económicos, pero también tenemos la ventaja de tener al alcance de nuestros dedos gran cantidad de información y oportunidades financieras, además de tiempo suficiente para construir un mejor futuro. ¡Una pantalla de tetris vacía!

Nuestros padres no crecieron con Internet, y no les era posible educarse financieramente o hacer inversiones en la bolsa desde la comodidad de su sala. La pregunta es si aprovecharemos estas circunstancias para prepararnos ante un panorama difícil, o si optaremos por andar de quejicas, adjudicándole nuestra mala suerte al gobierno, y dejaremos que la pantalla del juego se nos llene de errores hasta quedar arrinconados en un pequeño espacio de la pantalla.

Millennial, todo depende de ti.
Si ya te decidiste a ser menos pobre que tus padres, sigue los siguientes pasos:

1. Crea un alto índice de ahorro, entre más pronto mejor. De acuerdo con algunos estudios, para tener un óptimo ahorro para el retiro, deberías tener un año de tus ingresos ahorrado para cuando cumplas 30 años de edad, y dos años de ingresos a los 35 años.

Aunque esto pueda sonar a mucho dinero, puedes lograrlo empezando a ahorrar 11% de tu ingreso a los 22 años, y aumentando el porcentaje cada año. No es fácil alcanzar una meta así, sobre todo si ya no tienes 22 años, pero puedes empezar por algo más pequeño e ir elevando tus metas financieras poco a poco.

2. Automatiza tu ahorro e inversión. Puedes empezar por medios de inversión sencillos, como cetesdirecto.com (a partir de $100 pesos, apertura 100% en línea, sin comisiones ni costo de manejo de cuenta) que cuenta con mecanismos de automatización de tu ahorro.

3. Nunca compares tu situación financiera con la de los demás. Crea y sigue tu propio plan financiero y no midas tu éxito con el de otras personas. Las épocas y circunstancias de cada quien son diferentes, así que ocúpate de tus propia vida financiera sin preocuparte por la de otros.

4. No caigas en la inflación del estilo de vida. Otra ventaja de la juventud es que normalmente tu estilo de vida no está tan inflado. Cuando recibas un aumento de sueldo, en vez de pensar en cómo gastarte el dinero, piensa en seguir viviendo igual y usar el excedente para tu seguridad y tu futuro.

5. Edúcate financieramente. Si eres millennial, estás en un momento ideal. Probablemente todavía no has cometido errores graves, tres divorcios y diez hijos, 15 perros, una casa con hipoteca impagable, un terreno en medio de la nada comprado con dinero prestado, o deudas exorbitantes. Estás en el momento ideal para aprender y aplicar lo aprendido. ¡Aprovecha!