Tal cual: ¿Cómo juzgarán en el exterior, ese gabinete?

POR ÁNGEL VERDUGO

La apertura de nuestra economía y globalidad a la que de manera voluntaria nos incorporamos hace 31 años nos obligó, en ese momento, a adoptar un conjunto de reglas las cuales, todavía hoy, no pocos se resisten a entender su conveniencia y aceptarlas como útiles para el país y su desarrollo.

Sin embargo, a medida que el Padre Cronos jugó su papel e inexorablemente las nuevas generaciones empezaron a vivir en una economía abierta —y participante activa y voluntaria en la globalidad—, menos cosas sorprenden y molestan de aquel conjunto de reglas. Por ejemplo, lo que ayer se consideraba injerencia e intervención en los asuntos internos de un país, hoy se juzga como algo de lo más normal.

Leer y/o escuchar opiniones y juicios críticos de entidades extranjeras, y de analistas e investigadores y periodistas de distintas publicaciones —cuya línea editorial, no siempre es aceptada y entendida en un país o en otro—, prácticamente a nadie sorprende.

De la misma manera, a nadie sorprende ya, que inversionistas y agentes económicos privados de otros países deseen saber todo aquello que piensan podría afectar sus inversiones actuales o las potenciales. ¿Quién podría ser el próximo Presidente de un país u otro? ¿Con quiénes gobernará? ¿Qué visión del desarrollo privilegiará e impulsará el nuevo gobernante, y qué cambios legislativos propondrá?

Éstas, y otras preguntas de índole similar, hoy son aceptadas y entendidas, así como las razones para plantearlas; se entiende, además, que un inversionista local o extranjero desee reducir los niveles de riesgo de sus inversiones.

Así son las cosas en el mundo global, en el que participan México y prácticamente todos los países; las preguntas sencillas, así como los cuestionamientos que rebasan toda pregunta normal o de cajón, ya no causan –en los tiempos que corren–, molestia alguna. Por el contrario, hay la disposición a responderlas, y a proporcionar datos e información que satisfagan al inversionista con miras, evidentemente, a que sus inversiones lleguen al país como consecuencia del clima de negocios favorable a la inversión privada.

Vayamos ahora de regreso a México; dado que López, hace ya un buen número de semanas, dio a conocer los nombres de quienes integrarían su gabinete —hecho inusitado, debido a la anticipación a la elección misma—, es completamente entendible plantear la siguiente pregunta: ¿qué impresión habría causado entre los inversionistas foráneos, el gabinete dado a conocer por López?

¿Habría sido entendida a cabalidad la decisión de López de nombrar a una joven como la próxima secretaria del Trabajo y Previsión Social? ¿Les habría parecido lo más sensato, frente a un país donde la regla son las rigideces laborales, y la corrupción en los tribunales laborales norma inescapable?

De la misma manera que ese nombramiento, ¿qué les habría parecido el nombre de quien recién se jubiló como ministro de la Suprema Corte quien, si bien su experiencia es vasta en materia de derecho constitucional y la correcta interpretación del texto constitucional, en materia de la política real que se hace desde la Secretaría de Gobernación, es nula?

Así podríamos seguir con el resto de los designados quienes, además de compartir una nula experiencia práctica en las funciones propias de la dependencia que encabezarían, son poco conocidos más allá del ámbito académico.

Por último, si usted fuere un inversionista extranjero o doméstico, ¿qué le habría parecido el gabinete de López?