Bitácora: Voto diferenciado

POR PASCAL BELTRÁN DEL RÍO

La enorme mayoría de los votantes mexicanos suele cruzar sus boletas de forma bastante pareja al elegir Presidente de la República y legisladores.

Quienes eligen a un partido o coalición para el Ejecutivo y uno distinto para la Cámara de Diputados representaron 7.67% a nivel nacional en 2012, esto es poco menos de 3.7 millones de votantes.

El número de electores que, por las razones que sea, practica el voto diferenciado se ha vuelto relevante a la luz del llamado que ha hecho el puntero de las encuestas de la carrera presidencial, Andrés Manuel López Obrador, para que sus simpatizantes voten parejo en todas las boletas.

Recordemos, además, que en 30 de 32 estados, los votantes recibirán un mínimo de cuatro boletas, y, en algunas entidades, cinco y hasta seis.

¿Por qué haría López Obrador un llamado así? Parte de la razón está en lo explícito de su convocatoria: el intento de contar con una mayoría en el Congreso que le facilite la tarea de gobernar en caso de que gane. Desde 1997, el partido del Presidente de la República no ha tenido mayoría en las dos Cámaras, lo cual ha obligado al Ejecutivo a negociar con la oposición.

Pero hay una razón adicional. Si alguien ha batallado con el voto diferenciado, ha sido López Obrador. En sus dos candidaturas anteriores, el tabasqueño ha sacado 23% y 15% más sufragios que los candidatos a diputados de su coalición.

En 2006, López Obrador obtuvo 14 millones 756 mil 35 votos, pero los aspirantes a San Lázaro por parte de la coalición Por el Bien de Todos sólo consiguieron 11 millones 941 mil 84 sufragios.

En 2012, 15 millones 848 mil 827 ciudadanos optaron por la candidatura presidencial de la coalición Movimiento Progresista, pero únicamente 13 millones 414 mil 143 lo hicieron por los aspirantes a diputados.

Los ganadores de las elecciones en esos dos procesos no experimentaron algo semejante.

La diferencia entre los sufragios que obtuvo Felipe Calderón en 2006 respecto de los candidatos a diputados del PAN fue de apenas 8%, mientras que la de votación por Enrique Peña Nieto fue 1.2% superior a la de los aspirantes a San Lázaro por parte de la coalición Compromiso por México.

Seis años antes, el candidato panista Vicente Fox superó en 11% los votos que obtuvieron los aspirantes del PAN a San Lázaro.

En esa elección, la de 2000, el voto diferenciado Presidente-diputados se comportó de manera muy similar a la de 2012. Esa vez, poco más de tres millones de ciudadanos cruzaron las dos boletas de forma distinta, esto es, 8.34% del total.

El candidato priista Francisco Labastida consiguió prácticamente los mismos votos que sus compañeros de partido postulados a la Cámara de Diputados mientras que el perredista Cuauhtémoc Cárdenas fue superado por los aspirantes a San Lázaro por parte de su coalición por una diferencia de 10 puntos.

Sin embargo, en 2006 la proporción de voto cruzado se disparó a casi el triple. Uno de cada cinco electores votó distinto en cada boleta.

Como digo arriba, el ganador de la contienda, Felipe Calderón, no resultó mayormente afectado por el fenómeno. Sin embargo, en el resto de los casos sí hubo diferencias importantes.

Por el priista Roberto Madrazo votaron 2.3 millones menos que por los candidatos a diputados de la Alianza por México (PRI-PVEM) o 20 por ciento.

Por cada voto que obtuvo el candidato presidencial panalista Roberto Campa, los candidatos a diputado de ese partido lograron casi cinco.

Y la candidata Patricia Mercado superó en 25% los sufragios obtenidos por los aspirantes de la Alianza Socialdemócrata.

¿Cuántos de esos tres millones de votos cruzados de 2006 –o los 8.1 millones de 2006 o los 3.7 millones de 2012– fueron producto de la decisión libre e individual de los votantes y no parte de un acuerdo entre partidos para aplicar el voto útil?

Es difícil saberlo.

Ya veremos qué sucede, en ese sentido, en poco más de un mes. Hasta ahora, el voto cruzado no ha afectado al ganador. Los candidatos más votados en la elección presidencial han tenido más sufragios que sus compañeros aspirantes a San Lázaro, pero la diferencia se ha ido cerrando de elección en elección.

Como digo arriba, Fox tuvo 11% más; Calderón, 8% más, y Peña Nieto, 1.2% más. En los tres casos, bastante menos que la diferencia que se dio en el caso de López Obrador en 2006 y 2012.

Quizá por eso el llamado del tabasqueño a que sus simpatizantes voten parejo.

Eso es algo que seguramente desearían evitar quienes creen en la necesidad de que el próximo Presidente de la República –sea quien sea– tenga un contrapeso en el Congreso de la Unión.