Número cero: Hora de definiciones en elección

POR JOSÉ BUEN DÍA HEGEWISCH

 

Tanto Ricardo Anaya como José Antonio Meade se disputan el capital de 4 o 5 puntos de Zavala en los sondeos para acortar distancia con AMLO, como si se tratara de un fondo que puede pasar de una bolsa a otra

 

La declinación de Margarita Zavala, al filo de la mitad de la campaña, anticipa que ha llegado la hora de las definiciones. La cuestión es si su salida servirá para encender la competencia en una verdadera disputa entre dos opciones o ya no alcanzará para frenar la marcha del “carro ganador”. La contienda se mueve más por el juego de fuerzas y los enroques políticos que por la adhesión a las propuestas, que son vagas e imprecisas como, por ejemplo, en temas clave como los escenarios sobre el TLCAN, la inversión o el financiamiento del desarrollo, que figuran en la agenda del segundo debate del próximo domingo.

Tanto Ricardo Anaya como José Antonio Meade se disputan el capital de 4 o 5 puntos de Zavala en los sondeos para acortar distancia con AMLO, como si se tratara de un fondo que puede pasar de una bolsa a otra. Pero, más allá de esos bonos, la posibilidad de que su apoyo reanime el voto útil refleja también las presiones de sectores de la élite económica para emparejar la contienda. Su renuncia a la carrera presidencial es una muestra de los varios tableros políticos en que se disputa la elección, no obstante que la única mujer en la contienda nunca despegó en los sondeos. Pero puede sumar a la aritmética política, ése al menos parece ser el cálculo de Meade y de Anaya, prestos a abrirle las puertas.

En la antesala del segundo debate, el juego de fuerzas y las promesas han dominado el discurso y las evasivas han sido el recurso para no asumir compromisos con los votantes. Pero la sobreexposición del país y alto interés que proyectan a nivel internacional asuntos como la renegociación del TLCAN o el futuro de las reformas, recortan el margen para elusión de los candidatos. En el plano interno también se intensifica el reclamo por esclarecer sus planes de llegar al poder, más allá del discurso o de acomodarse según la audiencia electoral. Por eso también la hora de definiciones.

AMLO llega nuevamente al segundo debate como el adversario a vencer por la amplia ventaja en encuestas, pero sus interlocutores no serán sólo sus otros competidores, sino los centros de decisión económica y financiera, dentro y fuera del país, que siguen con lupa sus planteamientos económicos, comerciales o sus definiciones sobre el aeropuerto y la Reforma Educativa. El promedio de las encuestas le dan una ventaja hasta de 15 puntos sobre Anaya, pero dicho apoyo no es correlato de confianza entre los empresarios e inversionistas. A partir del próximo lunes, ése será el teatro de operaciones para AMLO entre su audiencia en las calles y el voto de confianza del mundo de los negocios, con una previsible mayor exigencia en la competencia con sus inmediatos perseguidores.

La relevancia del segundo debate, en ese sentido, son los temas. Los candidatos han hecho campaña hasta ahora sin detenerse en definiciones clave como cuáles serían sus escenarios en caso de cancelarse, mantenerse o transformarse el TLCAN, a pesar de que ha sido el ancla del modelo económico de las últimas tres décadas y principal garantía a la inversión. La estrategia de Meade y de Anaya de presentar a AMLO como un recambio hacia el pasado ha sido insuficiente para desplazarlo entre el electorado como alternativa a los últimos gobiernos panistas y priistas, así como también para desatar movimientos bruscos del peso o salida de inversión. Pero eso no significa que el frente con los empresarios se haya cerrado, con consecuencias graves para la distensión para gobernar después de las urnas.

Con ellos es también la competencia en esta campaña, a la que, en el último periodo, se han sumado varios choques frontales, como la construcción del nuevo aeropuerto y ahora la Reforma Educativa. Tampoco estos encontronazos han tenido impacto en el voto del enojo y el hartazgo que le favorece, pero, en cambio, refuerza los temores por la polarización del discurso y los mensajes de confrontación de clases.