La mafia, los medios, la Corte y el Ejército

No se puede concluir el análisis de lo realizado por el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador en la precampaña, sin abordar un capítulo central de su forma de hacer proselitismo y que ha constituido una constante en sus tres campañas electorales: sus rupturas, por lo menos, en el discurso y a veces en los hechos, con las principales instituciones del país.
En esta última semana de precampaña se fue contra los medios de comunicación y los comunicadores críticos con su persona, contra las Fuerzas Armadas (y, sobre todo, contra el general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional) y contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

No es un apunte menor: son tres instancias de control real que tiene un Presidente de la República, instituciones civiles, militares y judiciales que determinan los espacios reales sobre los que se puede mover el Ejecutivo. En el caso de los medios, la descalificación de Silva-Herzog Márquez, Krauze y Riva Palacio fue de la mano con una mayor a los medios de comunicación, a periodistas e intelectuales. Incluso, la disculpa que, supuestamente, pronunció Andrés Manuel no fue tal. “Siempre voy a respetar el derecho a disentir, dijo, pero de vez en cuando, cuando se pasan y pontifican, pues yo aclaro, si se ofenden ellos y otros, pues ofrezco disculpas… si se ofenden los de la mafia del poder, porque se les llama de esa manera, pues es que no tengo otra manera de llamarles; mafia de poder es un concepto que significa oligarquía y se entiende mejor”, explicó. Luego dijo en entrevista que usa un lenguaje “lapidario” y que los “atiza” porque “es necesario”. ¿Dónde está la disculpa?

Pero es mucho más grave, su ruptura con el Ejército y las Fuerzas Armadas, en particular la notable falta de respeto con el secretario de la Defensa, el general Salvador Cienfuegos, un hombre con una carrera profesional intachable, institucional, y que jamás ha agredido públicamente ni a López Obrador ni dirigente político alguno. El candidato de Morena lo acusó de ser un “matraquero de Meade” por criticar la inaceptable propuesta de amnistía a los criminales (una propuesta que es ilegal y por ende criticable); de hacer “politiquería”; de reprimir al pueblo y, quizás, por eso
Andrés Manuel no ha pronunciado jamás una palabra en solidaridad con los soldados y policías asesinados por el crimen.

Y es que para Andrés Manuel la lucha contra el crimen organizado es una lucha “del pueblo contra el pueblo”. Olvida, entre muchas otras cosas, que el pueblo es la víctima de los criminales y ellos son los victimarios. Por eso los índices de aceptación de las Fuerzas Armadas son casi tres veces más altos de los que tienen Morena o López Obrador (o cualquier partido político) y su labor está respaldada por una relación profunda con muchos sectores de la población, defendiendo desde su seguridad y patrimonio hasta su vida y sus bienes en casos de desastres naturales. El secretario de la Defensa contestó indirectamente con un notable discurso el viernes pasado con motivo de la 105 conmemoración de la marcha de la lealtad, un discurso que vale la pena leer completo, pero que tiene dos o tres frases que se deben registrar, la principal cuando dice, luego de defender la institucionalidad militar, la lealtad con honor de las Fuerzas Armadas apegada estrictamente a la ley, que “por eso la lealtad no puede fundarse en el engaño, donde se privilegia el honor, no tiene cabida la mentira, donde hace falta el honor, la lealtad se convierte en complicidad. Actuar con lealtad es valorar las enseñanzas de nuestra historia, guiarse con justicia y rectitud, reconocer las buenas acciones de los demás, preservar la confianza mutua y acatar a ley, pero, sobre todo, es trabajar por el bien común y la grandeza de México, las conductas contrarias a estos preceptos llevan a la deslealtad y a la traición”. Recuerde eso de lealtad sin honor es complicidad.

Y en su cierre de precampaña, López Obrador la emprendió contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Les dijo “alcahuetes, maiceados, leguleyos”, prometió bajarles el sueldo de “650 mil pesos” (¿de dónde lo sacó?) y agregó que le van a decir que “es ilegal” intervenir en la Corte, pero no me importa, agregó. “Que digan que soy populista” pero “quién se va a atrever” a contradecir esa medida.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación es una institución base del sistema democrático: es autónoma e independiente porque sin ello no puede cumplir con su labor de ser el garante de la Constitución y de otorgar el control y equilibrio entre los poderes. Son cada vez más los temas que terminan en la Suprema Corte. ¿Qué sentido tiene insultar a sus integrantes, amenazarlos, denigrarlos?¿qué sentido tiene decir que nadie “se va a atrever” a impedir su intervención en la Corte?

Cualquiera puede y debería pensar que lo que está preparando Andrés es un mecanismo político para acabar con los medios críticos hacia su persona, con unas Fuerzas Armadas profesionales e institucionales y con una Suprema Corte independiente y autónoma. Pero no hay problema: recordemos que, de todas formas, dice López Obrador que nos perdona.

EL INFORMADOR