La poesía como contradicción

El nuevo libro de Mariana Bernárdez, Aliento, se compone de seis estaciones poéticas: Lo quemado, Del roce, Nudo primordial, Del viaje, Lo brotado y Del muro. En cada una de ellas, la autora mexicana indaga el lenguaje y sus posibilidades para generar metáforas. “En este libro exploro la tensión en el leguaje. Me interesa sostener la contradicción, no resolverla. Cuando se tensa el lenguaje se puede generar la posibilidad de una multiplicidad de significados”, dice la poeta.

A lo largo de estos versos, Bernárdez cimenta un diálogo entre forma y contenido. “Al comenzar a escribir, me interesaba el concepto del lenguaje roto, caído, así como la respiración dentro de la poesía y del verso; en ese sentido, este libro de poesía tiene que ver con lo que alienta dentro de las palabras.

“Hay una imagen que me interesa mucho: pensar que las palabras tienen un adverso, como acariciar la espalda. Cuando escribo lo que hago es ir sobre lo que veo, pero nunca sé hacia dónde voy a ir, y eso no significa que haya una incongruencia en el proceso de escritura, sino que hay una concentración del sentido, y de lo que se trata es de generar el atisbo, eso que se siente, como ponerse de puntillas y ver eso que sospechas y alientas, eso que inquieta, pero que al final la pregunta real es qué es lo vivido”, asegura la poeta.

Cada uno de los capítulos que componen Aliento se caracteriza por la confluencia, por el acompasamiento y por los ritmos. “Lo que ocurre cuando se escribe poesía es que estás inmerso en las multiplicidades y quieres aprehender el momento. Este transitar es de difícil digestión.

“Sin lugar a dudas, la palabra poética es mucho más que un tiempo memorioso, como decía san Agustín, es un desdoblamiento muy sutil, esto es lo que me inquieta mucho. Así como las situaciones donde el lenguaje tiene una frontera de rebalse y va acotando a su propia insuficiencia”, afirma.

De los seis apartados de este corpus, Lo quemado, Nudo primordial y Lo brotado tienen una intensidad mayor. En cuanto al primero, asegura que tiene que ver con la imagen de los cuerpos incendiados caídos de un posible paraíso. “Lo quemado tiene que ver con la luz, con la metáfora del conocimiento. La mirada tiene que ver con la cosmovisión y en este sentido hay una influencia en el tema del mito de la caverna: la luz ilumina lo que está en lo oscuro, lo que está caído, por eso la visión es importante”.

En cuanto a Nudo primordial, Bernárdez afirma que tiene que ver con la tensión y la oposición. “Este espacio nació de una aparente banalidad. Un día, tratando de deshacer un nudo, me di cuenta de que la condición del nudo es anudar. Cuando lo deshaces ya es otra cosa. Ese simple entendimiento ayuda construir metáforas”.

En lo referente a Lo brotado, donde el libro alcanza su punto más alto de libertad expresiva, afirma que ver con la intensidad al momento de escribir. “El término Lo brotado es común en Celan, Antonio Colinas y María Zambrano, también en Rilke. Esta idea me parece extraordinaria por cómo el azar se acota a ser una mueca del destino, y no se puede hacer nada más que soltar las amarras. El inicio de este viaje es que estás quebrado, y no sólo tú, sino los que vienen contigo. Si uno se detiene un poco a escuchar en este barullo, se dará cuenta de que ahí está la belleza; incluso en lo ríspido siempre hay algo que asombra y que hay que volver a enraizar”.

A mí me importa mucho esta idea de que leer poesía, pero no me atrevo a decir si lee mal o bien, pero me gustaría ampliar el horizonte y que las personas tuvieran el disfrute de la tradición rica que tenemos”, asegura Bernárdez.

La poeta dice que cada libro impone un reto, tiene su propia dificultad al ser concebido. Con Aliento tuvo la oportunidad de entrar en un proceso de comprensión con lectores y otros autores. “Es en la poesía, esta razón extraordinariamente consoladora, donde encuentro un denominador común de todos los hombres, entonces leo a Sófocles y puedo entender la desesperación de Edipo, porque también siento mi propia desesperación ante la fatalidad.

“Por qué no incluir a César Vallejo o Zambrano o Colinas, quienes también dicen lo que se tiene que decir. Nadie va a inventar el hilo negro, pero es posible decir ‘aquí está este hilo negro’. Aquí en la poesía se unen estas preocupaciones que el pensamiento se hace en el trastabilleo, y es lo que somos, un constante caer”.

En cuanto a la intertextualidad de Aliento, Bernárdez asegura que ha podido dialogar con múltiples autores. Desde los ya mencionados Celan y Vallejo hasta Cavafis y José Ramón Ripoll. Cada uno de los guiños en su poesía sustenta una tradición, sostiene la reverberación de las palabras y fomenta un diálogo con latitudes, ritmos y diferentes respiraciones.

“En el ámbito de la poesía parece que todo es inédito. Es una pena que no se relea, que no regresemos a ciertos autores que podrían ayudar a comprender lo que estamos viviendo. Me fascina la Generación del 27, los Contemporáneos, los Estridentistas, las vanguardias; la poesía tiene una cualidad que me es muy necesaria en los tiempos donde violencia es lo que predomina en el lenguaje.

“Cualquier poesía está llena de guiños, a veces no de manera consiente por parte del autor. Es muy importante mantener ese diálogo, es mantener esa tradición. Lo que hace el escritor es poner un peldaño”, concluye.

EL INFORMADOR