Escenario 2018: el momento de Mancera

Mientras la candidatura de José Antonio Meade se ha consolidado mucho más rápido de lo que algunos creían en el PRI y al tiempo de que el exsecretario de Hacienda prepara su equipo de campaña, que será coordinado por Aurelio Nuño, sus competidores están también ante un momento de definiciones.

A nadie le queda duda de que el candidato de Morena será Andrés Manuel López Obrador: lo de la encuesta para que la militancia decida es una mala broma. Pero lo más notable de López Obrador es cómo ha reaccionado a la candidatura de Meade: ni un solo argumento ni una sola idea, sólo una andanada de insultos, y en pleno Guerrero, en la zona más violenta del país, nada menos que una oferta de amnistía a los narcotraficantes: parecería otra mala broma si no estuviéramos hablando de un hombre con posibilidades reales de llegar a la Presidencia de la República.

AMLO parece estar en una de esas fases de descontrol y agresividad que ya se manifestaron en momentos clave de las dos pasadas campañas electorales (y que ocurren cuando improvisa, cuando se sale del guión de los spots de paz y amor y surge su verdadero carácter, profundamente autoritario y maleducado). Y eso lo vamos a escuchar cada vez más si en las encuestas López Obrador comienza a ver que sus números descienden.

En el Frente, el PRD dio un paso que se había tardado demasiado en dar: anunciar abiertamente que su candidato es Miguel Ángel Mancera, que esa es su propuesta para el Frente y que para seguir en él se necesita una competencia abierta. No me imagino a Mancera declinando a favor del panista Ricardo Anaya, quien siente que la candidatura del Frente ya es suya, tampoco me imagino una competencia abierta entre ambos, por lo menos, una competencia real donde Anaya no tenga asegurada la candidatura. En esta semana el Frente tendrá que decidir cómo elegir a su candidato y a partir de allí podrá, o no, llegar a cualquier otro acuerdo.

El tema del método es central y si no llegan los partidos a acuerdos, el PRD irá con su propia candidatura, sobre todo si este fin de semana resulta como presidente del partido, en sustitución de
Alejandra Barrales, el excandidato del sol azteca en el Estado de México, Juan Zepeda, quien cimentó su campaña yendo solo, sin una alianza con el PAN que muchos le reclamaban entonces al PRD. La sorpresa fue que Zepeda terminó con más votos que el PAN que llevaba a
Josefina Vázquez Mota como candidata. La tentación para repetir la experiencia debe ser muy alta.

Si el Frente se concreta como estuvo planteado en sus inicios, como una propuesta abierta y con fuerte contenido ciudadano, las oportunidades para Mancera crecen. Si no es así, lo veo más a Mancera encabezando un movimiento de centroizquierda por el que ha propugnado todos estos años que subordinándose a un acuerdo cupular.

Pero falta mucho por ver: en primer lugar, qué harán partidos como el Verde y Nueva Alianza que aportan puntos que pueden ser claves para la elección y que se presume que irán con el PRI, aunque el Panal también podría ir solo; y por otra parte, qué sucederá con los independientes. Margarita Zavala y Jaime Rodríguez El Bronco tienen posibilidades reales de alcanzar las poco más de 680 mil firmas necesarias para registrarse y si es así, su participación alterará los equilibrios electorales, pues ambos son personajes competitivos. Y ahí está
Marichuy Patricio, la aspirante indígena, de origen zapatista: no la tiene fácil, pero si alcanza las firmas necesarias para participar no hay que perderla de vista, no porque vaya a ganar, sino por su capacidad disruptiva.

El escenario del 2018, comienza a llenarse de protagonistas.

CADENA PERPETUA CONTRA LA IMPUNIDAD

Los hechos ocurrieron hace 40 años. La dictadura argentina que gobernó ese país entre 1976 y 1983 dejó miles de muertos, de presos, de exiliados, pero ningún costo fue mayor que el secuestro y la desaparición de más de 30 mil personas.

La noche del 8 de diciembre de 1977, el grupo de madres cuyos familiares habían sido secuestrados y que habían creado una organización entonces incipiente llamada Las Madres de Plaza de Mayo (porque con pañuelos blancos sobre sus cabezas simplemente daban vueltas en esa plaza ubicada frente a la casa de gobierno en Buenos Aires) tenían su reunión periódica en la Iglesia de la Santa Cruz. Pero en ese pequeño grupo había un infiltrado, un joven llamado
Alfredo Astiz, quien decía ser hermano de un desaparecido y cuya labor fue señalar a las madres que esa noche, junto con dos monjas francesas que la apoyaban, serían secuestradas, torturadas (entre otros por el propio Astiz) en el campo de concentración ubicado en los subsuelos de la Escuela de Mecánica de la Armada y cuyos cuerpos días más tarde serían arrojados en los llamados vuelos de la muerte al mar.

Cuatro décadas después, posterior a un largo juicio público, se le hizo justicia a esas madres y a otros miles de desaparecidos y asesinados: 29 represores fueron condenados a cadena perpetua, incluyendo a Astiz y a Ricardo Cavallo, aquel torturador que apareció hace unos años en México dirigiendo el efímero Registro Nacional de Vehículos, el Renave.