¿Amnistía o impunidad?

Regresó a la provocación. Otra vez tenemos al aspirante presidencial que sabe que a través de ella se aseguran titulares en la prensa y reacciones de sus adversarios. Actitud sobrada, sin duda. Aunque lo que más preocupa es que su última declaración, más que una desafortunada provocación, sea en verdad parte de su proyecto alternativo de nación.

Andrés Manuel López Obrador dijo, textualmente, en Guerrero este fin de semana: “Hay que hablar con los mexicanos, con todos, y hay que plantearles de que necesitamos la paz y que todos podemos ayudar a que haya paz en el país (…) Vamos a explorar todas las posibilidades, desde decretar una amnistía, escuchando también a las víctimas, hasta exigir al gobierno de Estados Unidos que lleve a cabo campañas para aminorar el consumo de drogas…”. La declaración la hizo frente a habitantes de Quechultenango, un municipio que forma parte del circuito de violencia que marca a aquel estado. Incluso agregó que nadie quiere postularse en Morena para contender por esa alcaldía, pues la violencia es tal que atemoriza a quien tiene la intención.

Sí, la violencia es una realidad que se extiende a todo el país. La lucha contra el narcotráfico es la gran tarea en materia de seguridad. Ha fallado, y estrepitosamente, en los últimos dos sexenios. Sin embargo, de eso a creer que una amnistía es una posibilidad para reducirla, hay mucha falta total de entendimiento de la realidad y el diseño de políticas públicas.

¿Por qué no tener la valentía de proponer un debate mucho más profundo y responsable (en términos económicos, políticos y sociales sobre la #Legalización de las drogas? Y es que, después de tal declaración, un reportero le preguntó a AMLO si la amnistía sería para los capos del narco, a lo que éste respondió: “Vamos a plantearlo. Lo estoy analizando, lo que sí les puedo decir es que no va a quedarse ningún tema sin ser abordado si se trata de garantizar la paz y la tranquilidad…”.

Por eso, de nuevo: ¿Por qué no entrarle mejor desde una óptica de Estado y no una ocurrencia personalísima que seguramente busca, entre otras cosas, seducir electoralmente a esos amplios sectores sociales que llevan años viviendo por, para, y gracias al crimen organizado?

El más cercano antecedente de una “amnistía” fue Colombia. A Juan Manuel Santos, argumentan los defensores de la amnistía que propone AMLO, le valió un Premio Nobel de la Paz. Ah, pero éstos olvidan que el proceso que se vivió en el país centroamericano fue con las FARC, un grupo armado, no uno del narcotráfico. Además, a menos de cuatro meses de la entrega de las armas, han comenzado los problemas: el grupo guerrillero no ha dejado su modus vivendi, hace unos días fueron detenidos dos de sus prestanombres, los encargados de lavar dinero. No les bastó con la posibilidad de ser ya una asociación política formalmente constituida.

Dejando este ejemplo a un lado, es importante subrayar lo improvisada de la propuesta de AMLO. Tal vez su intención haya sido enriquecer lo que presentó en al Auditorio Nacional el pasado 20 de noviembre.

En el Proyecto 18, en donde de las 500 páginas que lo componen, sólo dedicó media cuartilla al tema de la recuperación de la paz y el combate a las causas de la inseguridad y violencia. Media cuartilla para ése otro, segundo gran pendiente en nuestro país junto con el combate a la corrupción.

Lo más grave es que en el imaginario de AMLO la posibilidad de la amnistía pasa por encima del derecho de las víctimas ¿Qué opinarán, sobre esta declaración, las familias de los muertos de San Fernando, o los papás de Ayotzinapa, o los de los miles de cuerpos hallados hasta hoy en narcofosas? Porque sobre todo, parece hacer una promesa de impunidad: ¿Indultará a los narcos con la misma misericordia que prometió a priistas arrepentidos de sus errores y que se unan a su movimiento?

La violencia en nuestro país ha llegado a tal nivel que es imposible precisar las cifras de ejecuciones perpetradas por el crimen. Se han tenido que diseñar nuevas metodologías para la clasificación y la investigación de estos abominables crímenes.

Hace apenas unas semanas, después de más de diez años en combate frontal al narco, Data Cívica logró dar nombre y apellido a los más de 30 mil desaparecidos en nuestro país. Sumado a esto, hay organizaciones que luchan porque el combate al narcotráfico se haga desde frentes que verdaderamente los debiliten.

Insisto: la legalización. Y es que, ¿no sería económica, política y socialmente más recomendable y responsable poner empeño en este asunto como la alternativa más viable? ¿Qué no se trata de fortalecer y transformar las instituciones del país? ¿O la vía más fácil es otorgar carta de impunidad a quienes han hecho de éste uno de los más violentos del mundo?

Para ser la tercera campaña presidencial en la que participa, más que improvisado, parece sumamente delirante. Primero fue la oferta de perdón y olvido a la “mafia en el poder”. Ahora, a la “mafia” a secas. Que carga con más de doscientos mil muertos. Y no tenemos ni idea de cuántos desaparecidos.