Solidaridad, ¿pasajera?

“Somos solidarios llevando una lata de atún a un centro de acopio, llevando un litro de leche, ha ido más allá como ir al lugar y apoyar. Hemos visto a muchas personas con esa inquietud de ayudar, pero lo importante es cómo le hacemos para que permanezcan, se institucionalicen y de alguna forma lo hagamos más constante. No sólo se trata de llevar una lata de atún o leche, es importante, hay que hacerlo, pero hay que darle un brinco más: la promoción humana”, le dijo el sicólogo Ricardo Trujillo a mi compañera Andrea Meraz, en una nota publicada ayer en este diario sobre la solidaridad de los mexicanos en tiempos de crisis. Y es que en ésta, se sostiene la idea de que sí, los mexicanos nos echamos la mano cuando enfrentamos tiempos difíciles, pero luego se nos olvida y regresamos a un estatus de desorganización y división.

“No hay un México, hay muchos. Históricamente generamos esta condición de mexicanidad como sentido de oponerse al poderoso y en ese sentido es una especie de aglutinante frente a una amenaza; si quieres unir a un grupo atácalo y vas a ver cómo se van a aglutinar para generar ese sentido de solidaridad…”, agregó Trujillo. Y para muestra de ello, el domingo en el Zócalo de la Ciudad de México. Más de 170 mil personas llegaron a la cita, donde artistas rindieron homenaje a esa solidaridad que a miles de mexicanos sacó de sus casas y los hizo generar toneladas de ayuda en auxilio de los afectados por los sismos.

Y justo ahí, en ese concierto, Estamos Unidos Mexicanos, se volcó en un aplauso sonoro que tan bien representa esa unión de los mexicanos ante la desgracia: “El México que se levantó es el real, no el del gobierno y si vamos a reconstruir el país lo vamos hacer nosotros, no este pinche gobierno que no nos representa”, dijo la cantante Carla Morrison como parte de su participación en el evento en el que figuras como Roger Waters o Coldplay alabaron la actitud solidaria de los mexicanos desde el extranjero.

El tema es, como ya lo hemos dicho, provocar que esa solidaridad sea un sentimiento constante, que no se quede sólo en la ovación o en la enunciación de una frase provocadora. El asunto es llevar esas ganas y ese sentimiento crítico para generar los cambios necesarios en la vida pública del país. Y lo que vimos con los sismos de septiembre, lo hemos visto también frente a huracanes, lluvias o cualquier contingencia, pero luego, nos dicen los especialistas, se nos olvida y regresamos al que parece imposible letargo.

“No solamente es el terremoto, el huracán, sino el desastre social que vivimos todos los días, el desastre de la pobreza, desigualdad y la violencia, y entender que estamos en emergencia constante, es lo que debemos combatir, la solidaridad se necesita todo el tiempo…”, dijo Jorge Navarrete, otro de los especialistas consultados. Y es que ahí está la oportunidad que decimos siempre estar esperando, la que nos deje demostrar nuestra capacidad y potencial como sociedad. Y ésta no debe estar condicionada a la llegada de una coyuntura trágica, que nos obligue a mirar a todos lados sin pensar en el beneficio inmediato. No ha pasado ni un mes, y ya vimos cómo algunos falsos damnificados se anotaron en la lista para recibir ayuda en el pago de renta. Ayer en La Jornada, otro ejemplo, se reportó que en algunos tianguis del Valle de México se venden víveres que algún mexicano solidario llevó a un centro de acopio. La semana pasada, en el noticiario de Ciro Gómez Leyva mostraron cómo los vecinos de edificios contiguos a Álvaro Obregón 286, luego de varios días sin poder entrar a sus departamentos, entraron y notaron que éstos habían sido robados, incluso usados para descansar, comer y beber. Somos un pueblo solidario, sin duda, y esa cualidad nos la reconocen en todo el mundo, pero si los acontecimientos de las últimas semanas nos han dejado algo, es la oportunidad de aprender la lección de que esa solidaridad debe alcanzar para mucho más.

YURIRIA SIERRA