¿Resistiría usted un mes sin casa?

El periodismo, por su naturaleza, tiene que dedicarse simultáneamente a diversos temas de interés público.

Por la necesidad de jerarquizar la información, el periodismo se detiene por momentos en uno u otro, sobre los que profundiza y expande la cobertura, pero no por ello debe perder el interés en los demás.

El fin de semana pasado, el foco estuvo en las consecuencias de la renuncia de Margarita Zavala al PAN, por la importancia que tiene intrínsecamente ese hecho –no todos los días una exprimera dama deja atrás 33 años de militancia en un partido– y por la forma en que altera, así sea momentáneamente, el tablero de la sucesión presidencial.

Sin embargo, ningún medio informativo mexicano que se respete debió perder de vista la tragedia que han representado los sismos de septiembre. Y no solamente por las cerca de 370 personas fallecidas en los terremotos de los días 7 y 19 del mes pasado, sino por las aproximadamente 250 mil personas que se quedaron sin hogar por los daños a sus viviendas.

Si existiese la impresión de que éste es únicamente un problema de la capital del país, debe desecharse de inmediato.

Además de los daños en la Ciudad de México –donde más de un millar de inmuebles tendrán que ser derruidos–, existen poblaciones como Joquicingo, Estado de México; Jojutla, Morelos; Chiautla, Puebla; Huitzuco, Guerrero; Ixtaltepec, Oaxaca, y Villaflores, Chiapas, donde un buen porcentaje de las viviendas deberá ser reconstruido.

Por supuesto que los sismos han dejado grandes historias de sobrevivencia –con 69 rescatados, entre escombros, sólo en la Ciudad de México– y de solidaridad con los afectados.

Pero mal haríamos como ciudadanos, y mal haría el periodismo en particular, de creer que es hora de voltear la página porque la crisis terminó.

Basta imaginarse en el lugar de cualquiera de las familias que perdieron definitivamente su hogar, al margen de que hayan tenido que ser rescatados o no.

Hay miles de inmuebles quebrados en las siete entidades mencionadas que no podrán ser habitados y cuyos moradores viven hoy en casas de parientes o amigos, en el mejor de los casos, o en improvisados campamentos en espera de que alguien los ayude para volver a tener alguna sensación de normalidad.

Familias que viven en la incertidumbre, pues no han podido recuperar sus pertenencias; que tienen que mantenerse en guardia frente a edificios a punto de colapsar por el temor, muy real, de que entren maleantes a robarles sus cosas.

Familias con integrantes que, por la situación, no han podido volver al trabajo y con hijos que no han podido regresar a la escuela.

Familias que llevan casi tres semanas esperando un peritaje de sus inmuebles para saber si van a poder regresar a ellos o con dudas sobre si las revisiones realizadas fueron suficientemente exhaustivas.

Sus historias son de interés público porque cualquiera de nosotros podría estar en su lugar, y porque muchas de las cosas que actualmente les suceden sólo se explican por la corrupción y/o la indolencia de funcionarios públicos.

Por supuesto que la vida sigue y el periodismo nacional tendrá que dedicar tiempo a otros temas como las campañas políticas porque, si no lo hace, en ese vacío informativo sobre la vida pública se sembrará la semilla de futuros males sociales.

Sin embargo, eso no quiere decir que podamos dejar que el tiempo sepulte la atención en las penurias que pasan centenares de miles de mexicanos y seguir diciendo que a nuestro oficio lo motiva el interés público. Debemos estar ahí por ellos y con ellos, pues bien sabemos que muchas veces las cosas sólo suceden a nivel de las instituciones mientras exista el interés de los medios.

Por eso hoy, que se cumplen tres semanas del sismo del 19 de septiembre, los reporteros de Excélsior y Grupo Imagen siguen pendientes de las historias que sigue dando este acontecimiento.

Las hay de lucha contra la adversidad, de heroísmo, de solidaridad y, aunque dé vergüenza admitirlo, de abuso, como la de los sinvergüenzas que cobraron el apoyo para renta sin necesitarlo.

No olvidemos que los terremotos de 1985 dejaron a muchos sin vivienda, algunos de los cuales tardaron 30 años en recuperarla. Del continuo apoyo de sus semejantes y la cobertura informativa sin descanso depende que ese olvido no se repita.

PASCAL BELTRAN DEL RIO