Morena y la CDMX

En la historia de la campaña electoral de 2018, el 11 de septiembre de 2017 quizá vaya a ser recordado como el día en que Andrés Manuel López Obrador mandó decir a Ricardo Monreal que se dejara de “choros mareadores” y definiera si estaba “con el cambio o con la corrupción”.

Y el 12 de septiembre de 2017, como el día en que Monreal respondió a López Obrador que hubiera preferido escuchar de su boca un mensaje de unidad y no un emplazamiento a definirse sobre si continuaba militando en Morena o no.

Parece que todo dependerá de lo que decida hacer Monreal en los próximos días.

Si rompe con Morena, como bien podría ocurrir y, sobre todo, si acepta ser candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de México, la separación entre el zacatecano y el tabasqueño quizá pueda sellar la suerte política de este último.

¿Por qué?

De ser candidato Monreal, más aun si lo es por una coalición PAN-PRD-MC, los votos que lograra arrebatar a Morena podrían ser los que alejen a López Obrador del triunfo para llegar a Los Pinos.

En sus anteriores intentos, en 2006 y 2012, la Ciudad de México aportó una cantidad considerable de sufragios a la candidatura presidencial de AMLO.

En 2006, el entonces aspirante de la coalición PRD-PT-Convergencia obtuvo dos millones 813 mil votos (58.13% del total en la entidad). López Obrador sacó aquí una ventaja neta de un millón 487 mil adhesiones sobre su contrincante inmediato, el panista Felipe Calderón.

En 2012, la Ciudad de México volvió a dar una buena cosecha de votos a López Obrador, candidato de la coalición PRD-PT-MC, pero ya no tan grande: obtuvo dos millones 568 mil sufragios (52.93%) o un millón 310 mil más que el priista Enrique Peña Nieto.

Es decir, entre una elección y otra –con votaciones totales prácticamente idénticas–, López Obrador perdió 244 mil sufragios en la capital. Eso, pese a que el PRD aún no había experimentado la escisión que dio lugar al surgimiento de Morena.

Desde entonces a la fecha, el nuevo partido ha tenido dos participaciones electorales en la Ciudad de México. La primera, en la elección federal de 2015, cuando alcanzó los 703 mil votos (23.59%) y la segunda, en los comicios para conformar el Congreso Constituyente capitalino, en 2016, cuando obtuvo 633 mil sufragios (30.26%).

En esas mismas elecciones, el PRD se colocó detrás de Morena, con 19.85% y 26.43% de los votos, respectivamente.

A decir de la tendencia que marcan esos resultados, y de acuerdo con las encuestas de preferencia electoral, Morena estaba en una posición inmejorable para ganar la Jefatura de Gobierno de la capital y cosechar aquí una cantidad importante de votos para apoyar la campaña de López Obrador.

Pero vino el episodio de la encuesta para designar al “coordinador territorial” de Morena en la capital, un eufemismo para decir virtual candidato.

Y entonces surgió la inconformidad de Monreal, uno de los cuatro aspirantes a hacerse de la candidatura, que, como digo, parecía ser un pase automático al Palacio del Ayuntamiento.

¿Puede darse el lujo Morena de una ruptura entre López Obrador y Monreal?

Quizá si Monreal no es candidato a la Jefatura de Gobierno o lo es por una fuerza política menor, sí. Pero si el actual diferendo es el preludio de una candidatura del exgobernador de Zacatecas por parte del Frente Ciudadano por México (PAN-PRD-MC), ese podría ser un dolor de cabeza para Morena.

En las dos elecciones más recientes en la capital –2015 y 2016–, la suma de los votos de esos tres partidos superó a los que obtuvo Morena, incluso si se suman a éste los logrados por el PT.

En el primer caso, PRD, PAN y MC consiguieron juntos un millón 132 mil votos, o 429 mil más que Morena. En el segundo, los partidos del Frente sumaron 792 mil, o 159 mil más que el partido de López Obrador.

Por supuesto, la votación para jefe de Gobierno no replica necesariamente la elección presidencial (AMLO obtuvo 600 mil votos más que Marcelo Ebrard en 2006 y medio millón menos que Miguel Ángel Mancera en 2012). Sin embargo, si el Frente llevase a Monreal como aspirante, cuando menos obligaría a Morena a distraer tiempo y recursos para hacer campaña en la capital, una entidad que hace unos días parecía ganada de antemano.

¿Se recordarán, pues, los hechos de la primera quincena de septiembre al final de la campaña electoral de 2018? Sin poder asegurarlo, existe la posibilidad de que sí.

PASCAL BELTRAN DEL RIO