¿Limpiar al PRI desde dentro?

1204719Tiene razón la gente de estar enojada con los partidos políticos por la corrupción que existe en todos ellos. Pero, de acuerdo con las encuestas, el partido que se considera más corrupto es el PRI. Y también hay razón en esta percepción porque el PRI es el partido más antiguo del país y el que más puestos ha tenido a lo largo de su historia en un sistema que era —y desgraciadamente sigue siendo— profundamente corrupto. Cierto: el PAN, PRD, Morena y la chiquillada también tienen manzanas podridas, pero en la canasta del PRI hay muchas más frutas corrompidas.

La gente está enojada con la corrupción y está votando en consecuencia. Eso explica por qué le fue tan mal al PRI en las pasadas elecciones de junio. Fue el más castigado por ser percibido como el más corrupto. Todo indica que la indignación social por la corrupción continuará, por lo que el tricolor corre el riesgo no sólo de perder las siguientes elecciones presidenciales, sino también de hacerse cada vez más chiquito. Esto creo que lo entiende muy bien su nuevo dirigente nacional y por eso está dispuesto a comenzar a limpiar la casa desde dentro. La pregunta es si podrá.

No está nada sencillo. De hecho, está dificilísimo. Si Enrique Ochoa no hace nada, pues el PRI seguirá perdiendo elecciones en 2017, 2018 y sucesivamente. Nadar de muertito no es una opción para la dirigencia priista. Algo tiene que hacer para mandar la señal a la sociedad, pero, sobre todo, a todos los políticos que militan en ese partido, de que la corrupción ya no será tolerada en el tricolor.

Enrique Ochoa está yendo, paso a pasito, en esta dirección. Ha comenzado con el proceso de expulsión del gobernador de Veracruz, Javier Duarte, icono de la corrupción gubernamental en México y seis de sus colaboradores (más bien tendríamos que decir cómplices). A los siete les suspendieron sus derechos partidistas. Lo siguiente es correrlos del partido. Perfecto. El problema es que el gallinero priista se alebrestó. Al nuevo dirigente del PRI ya le sacaron algunos trapitos sucios para desprestigiarlo y asustarlo. Resulta que Ochoa, quien antes de llegar al partido era el director general de la Comisión Federal de Electricidad, recibió una liquidación por un millón 200 mil pesos de esta institución, de la que no fue despedido, sino que renunció voluntariamente. La liquidación es, al parecer, legal: es parte de las prestaciones que han tenido todos los directores de la CFE desde hace años. Aunque sea legal, se ve mal. Seguramente fue “fuego amigo” el que atacó a Ochoa para que deje de tener tentaciones de limpiar el PRI desde dentro. Y ése es uno de los problemas que tiene ese partido. Hay priistas muy mañosos, tremendamente corruptos, que tienen toneladas de información de sus correligionarios para enlodarlos en caso de ser necesario.

Si Ochoa continúa con la “operación Maestro Limpio”, pues aquellos corruptos que se sientan amenazados podrán sacar a la luz pública la información para desacreditar al presidente del PRI, sus colaboradores, sus excompañeros del gabinete y/o hasta al propio presidente Peña Nieto quien es, indiscutiblemente, el jefe de Ochoa. ¿A poco Javier Duarte de Veracruz o Roberto Borge de Quintana Roo o César Duarte de Chihuahua o los hermanos Moreira de Coahuila no saben nada de las cuentas de la campaña presidencial de 2012 que llevó aPeña a Los Pinos? Hago esta pregunta no con el ánimo de especular, sino para dudar de que Ochoa, efectivamente, pueda limpiar el PRI desde dentro tomando en cuenta lo sucia que está la casa y el poder que tienen tantos marranos que la han ensuciado.

En este sentido, no está nada fácil para el nuevo dirigente nacional del PRI. Si no hace nada, su partido se dirige a un seguro despeñadero. Si empieza a hacer algo, por un lado comenzarán a sacarle trapos sucios a él y su gente cercana y, por el otro, lo criticarán de hacer poco y tarde. Si hace más, podemos imaginar la avalancha de filtraciones que harán los propios priistas de malos manejos de otros priistas con el riesgo de que todos los tricolores acaben salpicados de una mugre asquerosa. Se trata de un típico problema de modulación, donde lo difícil es encontrar el punto en que el PRI recobre cierta confianza del electorado purgando a sus peores elementos sin que explote el partido por el proceso de dicha purga.

*Excelsior